Es impresionante el show mediático que las Farc y el supuesto nuevo líder de la oposición Gustavo Petro han orquestado para culpar del asesinato de líderes sociales al gobierno de Duque que aún no inicia labores y ocultar la verdadera causa de la violencia: el fracaso del proceso paz y el auge del narcotráfico.   

La izquierda radical unida a través de marchas con protestas en diferentes ciudades como Cali y Bogotá manipulan la opinión pública, los medios, la academia y la comunidad internacional. No les importa aprovecharse del dolor de las familias que perdieron a sus seres queridos con tal de motivar odio en la ciudadanía contra la institucionalidad, partidos como Centro Democrático y un gobierno que ni siquiera se ha posesionado.  

Es claro que ciertos sectores políticos con intereses poco altruistas están buscando sabotear a Duque desde el comienzo de su mandato con miras a sacar provecho en las regionales del 2019 y la presidencia del 2022. Una verdad incómoda que va más allá del asesinato de personas inocentes que trabajaban por su comunidad y que pasa por el deterioro de la presencia estatal en departamentos como Nariño, Cauca y Chocó.

Están ocultando a sus seguidores y a la comunidad en general que esos líderes no sólo fueron víctimas de la violencia de actores armados –que ojalá sean capturados y castigados-, sino de un Estado que bajo el mando de Santos dejó crecer la coca hasta niveles imaginables (209 mil hectáreas) y con ello el narcotráfico y toda la violencia que las mafias generan por el control del territorio, la producción y las rutas.

Igualmente ocultan que los acuerdos de La Habana y “los sapos” que la ciudadanía tragó para el reingreso de las Farc a la vida civil fueron innecesarios; porque más que ayudar a finalizar el “conflicto”, permitieron que la violencia mutase. De hecho, en muchos lugares los violentos sólo cambiaron de brazaletes y los que quisieron dejar la vida armada están encontrando la muerte a manos de disidentes, el ELN o las BACRIM.

Debemos garantizar el control del territorio por parte del Estado y la presencia de la Fuerza Pública en toda Colombia si queremos verdadera paz, seguridad y justicia. Desde 2016 hasta hoy, van más de 300 líderes asesinados, esperamos que a partir de agosto el nuevo presidente tome las acciones que Santos no tomó para detener este flagelo luchando contra las verdades causas. No nos dejemos engañar por las Farc, Petro y sus compinches.

@ChriGarces

Publicado: julio 13 de 2018