Esta semana la Fiscalía materializó una investigación que muestra una vez más la falta de palabra y compromiso de las Farc con el País. Supercundi, una cadena de supermercados con importante presencia en Cundinamarca y Tolima, resulto siendo una fachada para lavar recursos provenientes del dolor de miles de compatriotas víctimas de secuestro, extorsiones y el narcoterrorismo de la guerrilla.

Esa organización, a la que el Gobierno le dio todas las concesiones, entregó en su momento un irrisorio listado de bienes en el cual los traperos y las escobas iban a ser los grandes activos que repararían a las víctimas de su cobarde accionar.

También en ese momento, nosotros advertimos con vehemencia el engaño que significaba ese listado. Las Farc, una de las organizaciones narcoterroristas más ricas del mundo, se burlaron de los colombianos y no entregaron la totalidad de los bienes que hacían parte de su propiedad. Sin embargo, nos llamaron cizañeros, mentirosos y enemigos de la paz.

Hoy, al ver como se cae un imperio del lavado de activos cuyo patrimonio creció en 15 años más de un 200%, volvemos a advertir la falta de voluntad real de paz de esa organización. Si las Farc se quieren reintegrar efectivamente a la vida civil, ¿por qué no entregaron la totalidad de sus activos? Si la Farc abandonaron el negocio del narcotráfico, ¿por qué siguen teniendo estructuras criminales dedicadas al blanqueamiento de dinero? Si las Farc tienen un sincero sentimiento de perdón, ¿por qué le mienten al País? Si las Farc creen en un proceso de paz integral, ¿Por qué no entregan los recursos para reparar a las víctimas?

Ahora, ante esta situación, la ciudadanía se pregunta con preocupación: si las Farc mintieron, ¿seguirán teniendo todos los beneficios de la JEP? Realmente preocupante sería para el futuro de la Patria que no se tomen acciones serias al respecto. Las investigaciones de la Fiscalía demuestran que esa organización, que hoy quiere posar de adalid de la moral, le mintió al País, a las autoridades y no cumplieron con los compromisos que se adquirieron en el proceso de negociación.

El proceso de paz, como lo hemos sostenido desde la ardua labor de la oposición, requiere serias modificaciones. Es inadmisible que el terrorismo engañe a 48 millones de colombianos y absolutamente nada ocurra. Esta situación es una advertencia más para corregir un proceso que no despega, tiene fallas estructurales y perdura el dolor de la ciudadanía al ver el interminable manto de impunidad con que ahora se cobijan los bandidos.

El corazón de los colombianos es grande y bondadoso y, tal como se ha hecho en el pasado, siempre estarán abiertas las puertas para recibir a personas con sincero arrepentimiento que se equivocaron y buscan enderezar su camino. No obstante, esta nobleza no se puede convertir en la excusa para que la mentira y la burla sean las principales acciones que las Farc utilicen para imponer su voluntad sobre nuestros compatriotas.

@Tatacabello

Publicado: marzo 2 de 2018