Ya poco o nada me sorprende en el país del absurdo. En ese mismo país donde las Palabras Libertad y Orden han sido mancilladas por fuerzas oscuras que han tratado por todos los medios de deslegitimar el Estado de Derecho.

Es tal la anarquía y el perverso actuar de los enemigos de la Democracia, que para lograr sus mezquinos intereses, además de la violencia devenida del terrorismo, y pese a haber derramado durante más de 60 años la sangre de miles de colombianos; hoy utilizan la mentira y la difamación como medida desesperada contra el Gobierno, y han hecho del mejor Presidente colombiano de todos los tiempos, el blanco perfecto de su odio Visceral.

Álvaro Uribe es un hombre que despierta amores y odios por su carácter firme y su férrea defensa del Estado de derecho. Hombres transparente y respetuoso de las instituciones, Logró cambiar el rumbo de una nación que estaba sometida por un terrorismo que hizo que muchos debieron abandonar su Patria para huir de fantasmas como la extorsión, el secuestro y el asesinato indiscriminado, devenido de quienes en nombre del mismo pueblo, cometían barbaridad y media para mantener su empresa criminal.

En una carrera política brillante y sin precedentes, y que comenzó en el año de 1.974, cuando fue Concejal electo con una votación indiscutible, luego fue nuevamente Concejal  en 1982, todo esto fruto de un trabajo hecho de cara a la comunidad. Tempo después, en 1986 fue elegido como Senador de la República siendo uno de los congresistas más votados y con mayor credibilidad y popularidad.

Luego, en 1994 Álvaro Uribe fue elegido Gobernador de Antioquia, y bajo su administración logró devolver la tranquilidad al departamento que estaba saturado del accionar terrorista, lo que le valió el respeto y la admiración no solo de los antioqueños sino de todo un país que cansado del narcoterrorismo, en los años 2002 y 2010 lo eligió dos veces Presidente de la República, en primera vuelta, y con votaciones históricas.

Por eso resulta absurdo y hasta risible pensar que un líder con semejante palmarés necesite comprar un voto, como lo sugieren sus opositores, basados en unos audios que nadie conoce, y todo a la sombra de una deleznable campaña difamatoria sin precedentes, encabezada por sujetos con un pasado oscuro, como el exguerrillero indultado Gustavo Petro, y un Senador hijo de un guerrillero que, por cierto, legó su nombre a uno de los frentes de la guerrilla más criminal de que tenga memoria América Latina y el mundo.

Petro por ejemplo, enfermo de anarquía y obsesionado con un poder que jamás alcanzará en las urnas, antes que hacer su trabajo en el Congreso, se ha dedicado a sembrar odio entre los colombianos, aduce que le robaron las elecciones en una de las pocas zonas donde obtuvo la victoria.

Cómo si el país entero no lo hubiese visto recibiendo bolsas de dinero, en un claro hecho de asqueante corrupción, por el que por cierto, la Justicia no ha querido investigar

O como si los colombianos no supiéramos que su verdadero padrino político, Juan Manuel Santos, fue quien le allanó el camino a las pasadas elecciones, apostándole a conceder total impunidad a sus amigos terroristas de las Farc.

Todo este actuar difamatorio y criminal tiene dos objetivos claros y perversos: En primer lugar, mancillar el buen nombre del Presidente Iván Duque, a quién no tienen un solo delito que endilgarle, y que ha demostrado hasta la saciedad su honorabilidad, transparencia, y amor por el país, porque finalmente, la supuesta compra de votos fue para él.

Para ellos, la consigna es desestabilizar al Gobierno, generando descontento en los ciudadanos, deslegitimando de paso el trabajo austero y responsable que adelanta un mandatario que recibió un país con un déficit de 7.559 millones de euros, unos 8.927 millones de dólares en 2018.

El Presidente Duque ha logrado en menos de dos años un repunte importante valioso en la economía, y esto pese a la migración venezolana, a la crisis internacional por la caída de los precios del petróleo, y pese una oposición que desde el legislativo busca torpedear proyectos vitales para el país, como quedó claro con la Ley de Crecimiento Económico, que estuvo a punto de fracasar porque si si algo se distinguen los amigos del comunismo, es en que ni hacen ni dejan hacer.

El gobierno que preside Duque, ha logrado además  perspectivas de más de 3.4 por ciento en crecimiento económico, logrando confianza inversionista, gracias a su apoyo al emprendimiento, la reducción del gasto público, y la aplicación de políticas innovadoras y coherentes.  

En segundo lugar, pretenden minar la imagen del hombre que combatió con determinación la delincuencia en todas sus formas, y eso es algo que el comunismo nunca le va a perdonar a Álvaro Uribe, contra quién adelantan una campaña de desprestigio visceral y sistemática como pocas veces se ha visto en Colombia.

No, señoras y señores, no se equivoquen. Aunque muchos quieran convertir a Colombia en el país del absurdo, nunca lo van a lograr. Álvaro Uribe es y seguirá siendo el referente de la buena forma de hacer política. Colombianos de todas las áreas de la sociedad lo siguen apoyando, porque si algo hay que agradecerle a Álvaro Uribe Vélez, es haberle devuelto la esperanza a un país que hoy sigue creciendo, gracias al ejemplo de un hombre cuya vida la ha dedicado trabajar, trabajar y trabajar, algo de lo que poco saben quiénes un día saltaron de hacer terrorismo, a presumir de adalides de la justicia, gracias a la impunidad que los desde siempre los ha cobijado.

No quiero terminar sin expresarle toda mi solidaridad a ‘Cayita’ Daza, una mujer transparente, que hoy también es víctima de la infamia que se cierne contra Álvaro Uribe Vélez.

Ya nada sorprende en el país del absurdo. Seguirán mintiendo y difamando, aun cuando no tengan una sola prueba de todo cuanto dicen… ya está claro que lo de ellos es inferir, suponer, provocar y acusar… Su proterva es incalculable.

@JenniferAriasF

Publicado: marzo 13 de 2020