Contrario a las expresiones radicalizadas de quienes manifiestan que todo está perdido, frente al resultado de las elecciones del plebiscito, sigo pensando que los escrutinios fueron los más convenientes para la búsqueda de caminos, que nos conduzcan hacia la paz completa. En el escenario de un triunfo rotundo del SÍ, tal vez hubiese aflorado en los colombianos, una euforia triunfalista ante una paz incompleta, que muy probablemente hubiese resultado avasalladora contra la otra expresión y hoy estaríamos sumergidos en un pozo profundo buscando cada uno por su cuenta la llave de la convivencia.

Los colombianos debemos celebrar que en la semana posterior a la realización del plebiscito, los astros se hayan alineado y permitido que el presidente Juan Manuel Santos se haya sentado a manteles con el expresidente Álvaro Uribe Vélez y tomado café con el también expresidente Andrés Pastrana Arango, en compañías importantes como la de la ex ministra Martha Lucía Ramírez y el ex procurador Alejandro Ordoñez, principales voceros y promotores del NO. Eso demuestra que la construcción de la paz para Colombia no puede ser excluyente, si precisamente el conflicto es la consecuencia de la exclusión política, social y económica del bipartidismo de Estado del siglo pasado.

Se suma a la alineación, la apertura de la agenda pública de conversaciones con el Ejército de Liberación Nacional –ELN- que inicia con un protocolo muy similar al de la mesa de conversaciones con las FARC-EP, seguramente bajo la premisa que “nada está acordado, hasta que todo esté acordado”, comenzando con el punto de “participación de la sociedad en la construcción de la paz”. Indiscutiblemente esta agenda, conducirá a una confluencia con el estado actual de las negociaciones de La Habana y con la coyuntura jurídico-política del resultado electoral del plebiscito. Resulta necesario, barajar de nuevo y sin perder de vista todo lo ganado y acordado por las partes, incorporar los nuevos actores al proceso de construcción de la paz. El ELN llega como oxígeno al proceso de paz y ojalá ni el gobierno, ni las FARC-EP dejen escapar este momento.

No será un escenario sencillo ad portas de los preparativos para una campaña político-electoral, en la que todos los partidos –si es que no se anticipa una asamblea constituyente- se prepararán para buscar el mayor número de curules en el Congreso de la República y en la mayoría, primarán los intereses electorales más no la búsqueda verdadera de la paz. Los choques de protagonismos y los egos, se conjugarán en la diatriba mediática, pero el Nobel de Paz, tendrá la gran responsabilidad de demostrarle al mundo, que su otorgamiento no fue en vano y que su compromiso con la paz completa para Colombia y los colombianos, va más allá de su misma condición de estadista. La paz completa no será tarea de astrólogos ni de astrónomos, pero los astros sí se han alineado en favor de Colombia, para permitir que las fuerzas de la Unidad Nacional de gobierno, establezcan condiciones de entendimiento, con la fuerza natural de oposición atendida esta semana en el Palacio de Nariño y puedan permitir la incorporación de una fuerza alterna –integrada por las guerrillas de hoy- que les dispute la búsqueda del poder, ya no con armas, sino por vía de las urnas.

Entre tanto la comunidad internacional nos observa, observará y continuará observándonos.

 

@AlirioMoreno