Dentro de un año los colombianos habremos definido los nombres de los gobernantes regionales y locales del inmediato cuatrienio. Por eso como antesala de las elecciones de octubre de 2019 comienzan a aparecer muchos que posan como los defensores de la moral pública, de la lucha contra la corrupción y legitimadores de la transparencia, pero que analizados sin mucha profundidad, resultan ser los emisarios y amanuenses de sectores políticos y grupos de intereses vigentes, cuando no de sus oponentes, que cansados de estar por fuera de la escena de toma de decisiones, pretenden el poder simplemente para reemplazar por otros, con nuevas figuras  que funcionen fieles a sus intereses y propósitos. 

A todos, si se les esculca, se les encuentra algún vínculo con la administración pública y con la dirigencia política tradicional o emergente. Nada más leer sus manifestaciones de descalificación hacia otro para encontrar explicación y origen de sus afirmaciones. Así  es la vida; por estas fechas y en calendario electoral abundan los seres  que ocultando sus carencias, salen a lanzar imputaciones sin fundamento y argumento, para desprestigiar y de esta forma ganar reítos con quienes detrás del telón mueven las cuerdas de sus actos, es decir de sus titiriteros. No son muchos y son identificables e individualizables. Ojalá por pura sanidad del proceso electoral, quien se atreva a lanzar imputaciones deshonrosas o simplemente descalificadoras, se someta a una auto revisión y se esculque él o ella misma por dentro y analice si en el pasado conjugó el verbo que asevera de la otra persona, estar conjugando. Esta semana observé a algunos aplaudiendo la descalificación que se lanzaba en contra de unas determinadas  personas, por haber visitado a un dirigente político recluido en una cárcel. Respetable la crítica, pero lo que no es aceptable, es que quienes aplaudían eran personas asiduas visitantes a esa cárcel en la etapa previa a las elecciones de 2015.  

Pueda ser que funcione un código tácito para no coger a piedra las casas políticas de los vecinos, sin antes mirar bien si la del agresor está construida en puro vidrio. Álvaro Gómez Hurtado decía que los problemas de la sociedad colombiana y de la administración pública se subsanaban haciendo unas modificaciones profundas al régimen. Sigo creyendo que es ahí donde está el asunto. No usando arlequines que por su condición económica cuando no por su precariedad intelectual y académica, comiéndose el cuento de pulcros, inteligentes e importantes, van de medio en medio, regalando sentencias condenatorias. 

@AlirioMoreno

Publicado: noviembre 14 de 2018