Pareciera que el presidente Iván Duque Márquez (IDM) estuviera dando tumbos y se encontrara enredado en las dificultades propias de gobernar un país tan sui generis como el nuestro. Pero no es así. Nadie, ni los mismo dirigentes cercanos al gobierno saliente de Juan Manuel Santos (JMS), tenían la más somera idea de cómo se encontraba el país. De la verdadera dimensión en que estaban los asuntos del Estado, porque los indicadores suministrados por el Dane y la espléndida cobertura de divulgación, del país de las mil maravillas en los medios de comunicación adeptos a ese gobierno, nos hacían crear que el país iba muy bien, a pesar que la comunidad percibía todo lo contrario. Pero sorpresas, el presidente IDM encuentra un país devastado, sobre todo en dos temas importantes; la economía, matriz generadora de todas las políticas y la seguridad como bien y valor primordial de la democracia. 

Entonces al llegar el nuevo gobierno encuentra no solo un déficit de dimensiones colosales, sino que la violencia generada por la creciente industria de la cocaína es casi inmanejable y el país ha retrocedió muchísimo en la lucha contra ese flagelo. 

El desconcierto es total (de allí la sensación que se está dando tumbos) y el consenso es que hay que empezar prácticamente de cero. Dando la impresión que los ocho años del gobierno Santos fueron tiempo perdido. Entonces uno se pregunta;

¿Qué hubiera pasado si el gobierno de JMS hubiese continuado la política de la seguridad democrática? 

Los cultivos de coca estuvieran minimizados a tal punto que no serían hoy un problema de seguridad, y por lo tanto la delincuencia estuviera disminuida..

La respuesta salta a la vista; como no se hizo, el avance en seguridad es prácticamente nulo e incluso hubo un enorme retroceso, y habrá que empezarla de nuevo como uno de los puntos cardinales para recuperar el orden perdido, garantizando la protección de todos y cada uno de los cuidadnos, principalmente a la oposición, brindándole todas las garantías para el ejercicio democrático. 

El gobierno de JMS no trazó como debía, una línea diferencial entre el derecho a disentir y la conducta criminal. La frontera entre lo legal y lo ilegal quedo desdibujada, ciertos delitos dejaron de serlo, desnaturalizando el ejercicio de la justicia. Empoderando y dando un mensaje a la comunidad que el delito si paga, cuyas consecuencias vemos hoy en la inseguridad no solo en el área rural sino en nuestras ciudades.

A pesar que la recuperación de la economía es un tema muy difícil y de logros a mediano plazo, el presidente IDM cuenta con la subida de los precios del petróleo, con la estrategia de diversificar las exportaciones, y dar incentivos tributarios al empresariado, apostándole a la curva de Laffer (menos impuestos más recaudos y mas empleos), al desarrollo de la Economía Naranja y el impuso del “nuevo petróleo” que es el turismo. 

No lo es en cambio, y si de muy de largo plazo, la seguridad ciudadana, ya que la delincuencia se encuentra disparada, apoyada en la poderosa economía de la cocaína, y en el  apoyo que le da a la delincuencia el gobierno de Maduro, pero  sobre todo que la mística de las FFMM se encuentra por él suelo.

 @rodrigueztorice

Publicado: octubre 11 de 2018