El poeta cantó:

Me duelen tus ansias de amor,
me duelen como si fueran mías
y me duele sentirte mi niña
llena de amor con tus manos vacías.

“Muere una Flor”, la bellísima canción de Fernando Meneses anticipó con nostalgia el grave problema de salud pública que es el embarazo en adolescente, el que ocurre entre los 10 y 19 años. Siempre estas cifras son más altas en los países que buscan el desarrollo y salir de la pobreza. Se ven jalados por esta situación indigna que los encadena y condena. ¡46% terminan en abortos!

La niña anticipada en mujer encuentra un ambiente hostil ante esta situación. La familia no le perdona la imprudencia y con dedo acusador el ambiente le señala de ligera. Exclusión social, sus planes se ven frustrados y en el colegio -repetidas veces- es expulsada o discriminada. Muchas dicen adiós a la educación superior, 30% de la deserción escolar y la prioridad -si no interrumpe el embarazo- es lograr los medios para la nueva e inesperada criatura que llegará en los próximos meses. La transversalidad de la desgracia es nuestra constante: pobreza, desempleo, salud y embarazo en adolescente. La choza de la tragedia y la niña en ciclo de pronación mirando la miseria.

Empiezan mal desde el inicio. Huyen del control prenatal, ocultan muchos riesgos y las cifras de hipertensión arterial son más elevadas. La ausencia de hogar o su disfuncionalidad es la constante, búsqueda desesperada de cualquier empleo, refugio en los tóxicos y comportamiento delictivo son otros de sus satélites. Esta demostrado un mayor consumo de alcohol y drogas. Qué decir del bajo peso a nacer, desnutrición, parto prematuro y toda la cascada que se deriva de la inmadurez biológica.

Los costos económicos son titánicos. Uno de cada cinco embarazos en Colombia pertenece a este grupo de edad y tiene un costo de país de 5.1 billones de pesos (2018). Se aumenta la brecha de género cerrándose el cuello de botella para la educación y formalidad del empleo. Pero también es un tema que toca los derechos humanos: un error o un delito no se debe pagar con dos vidas. Sin premiar la inmadurez, hay que garantizarle el derecho a la salud, educación y empleo. Estimaciones del costo en Colombia del 0.56% del PIB, exigen una política pública de salud reproductiva audaz.

Se cruzan los embarazos en las niñas con la violencia. ¡Muchas de ellas violadas y los responsables pontificando moral! Deben esconderse estas adolescentes en los montes pues la maternidad no buscada, da un valor excepcional para escapar del aborto descompuesto -la conducta de los agresores- sin las mínimas condiciones de salud obstétrica.

La naturaleza ha generado cambios en el cerebro durante el embarazo, tanto estructural como en sus mensajeros químicos. Simple propósito: preparar a la mujer para la maternidad y el apego al bebe. Es una época de alta neuro plasticidad y se comporta igual como el cerebro de las adolescentes. Un término acuñado de décadas estudia todos estos cambios que tienen mucho similtud:la matrescencia. Hay incremento de la poda neuronal y aumento de las áreas de mielinización. ¿Como será el cerebro de la adolescente embarazada cuando el ultraje es la primera neurona de estos dos procesos biológicos?

Las cifras actuales de nuestro país son preocupantes: 400 niñas dan a luz cada mes en Colombia y su vaso comunicante causante, la violencia sexual: cien mil casos registrados entre 2015 y 2020 (Alianza por la Niñez). Los responsables de estos embarazos no sus pares adolescentes, son adultos mayores y lo alarmante es señalar que los familiares ocupan el primer lugar entre los agresores. Detengámonos en él bebe que nace sin hogar: una madre que no tiene fortaleza emocional y unas condiciones ausentes para ofrecer calidad de vida al futuro colombianito. La brecha irreparable, profunda que abre este cruel delito.

Detrás de toda esta situación hay un problema estructural de país: la familia. Un paso importante es adelantar la educación sexual integral en nuestras niñas. No hay duda, deben conocer que tienen derecho y deberes. La salud sexual reproductiva hace parte de su derecho de género y el aplazamiento de su maternidad es una recomendación universal mientras van avanzado en su formación y preparación.

Hemos reiterado que la visión de futuro de la patria se basa en los anillos de integridad que deben tener los ciudadanos. El primero, la familia. Qué hacer cuando son los parientes los agresores número uno que cometen estos atropellos. Hay cuidar a nuestros hijos incluso dentro del círculo estrecho de la consanguinidad. Enseñarles cómo evitar esta agresión y especialmente denunciar sin temor cuando sucede. Es curioso, en muchos hogares se calla para no lesionar la “imagen” de culpable que se disfraza como un espléndido familiar o sofisticado caballero.

Cuando se tiene el valor de denunciar, el estado y la justicia deben pronunciarse rápidamente. Este tipo de proceso no admiten dilaciones, las prórrogas dejan expuestos nuestros niños y mientras el juicio, la celosa la protección del menor es obligatoria. No impunidad y condenas ejemplarizantes. Mientras, trabajar el cerebro y su ADN para que los principios rectores del comportamiento tengan la moral como insignia familiar.

Me niego a vocalizar esta parte del poema de Fernando Meneses:

“Un cirio encendido de amor
De ilusiones que perdidas mueren en vuelo
Que quemando van sus emociones y anhelos
Y ardiendo desvanece su luz de pasión”

@Rembertoburgose

Publicado: julio 2 de 2021