A finales del siglo XIX, el Storting –nombre con el que se conoce al parlamento noruego-, participó de manera muy activa en la solución de conflictos en Europa, hecho que muy seguramente influenció la decisión de Alfred Nobel de incluir en su testamento que el Nobel de Paz fuera entregado por Noruega, mientras que los otros 4 (medicina, física, economía y literatura) le correspondieran a Suecia.

Noruega tiene una larga tradición pacifista. Es un país extremadamente rico que explota 86 millones de barriles de petróleo al año y es, a su vez, el mayor exportador de gas natural del planeta (99 billones de metros cúbicos). Es una riqueza muy significativa para un país con apenas 5 millones de habitantes.

Desde siempre la política exterior noruega se ha fijado como objetivo la búsqueda y mantenimiento de la paz en el mundo. A comienzos de la década del 90 del siglo pasado el país escandinavo empezó a involucrarse a fondo en la facilitación de procesos de paz. El más relevante, que desembocó en los denominados Acuerdos de Oslo, fue el de Israel y Palestina (1992/1993).

Resulta interesante hacer el balance del papel de Noruega en aquel proceso, puesto que desembocó en una hoja de ruta que con el paso de los años ha demostrado un absoluto fracaso. Los noruegos promovieron, facilitaron e impulsaron la suscripción del acuerdo y cerraron su papel con broche de oro otorgándoles el premio Nobel de Paz a los intervinientes en el mismo: Yitzhak Rabin, Yasser Arafat, y el recientemente fallecido Shimon Peres.

Aquel Nobel era el reconocimiento del esfuerzo realizado por los galardonados y, de paso, un autoelogio a Noruega por su papel en dichas negociaciones.

El caso del Nobel otorgado a Juan Manuel Santos es similar. A pesar de haber perdido el plebiscito del 2 de octubre, el Comité Noruego del Nobel decidió premiar al presidente Santos. En la declaración leída por la presidenta del comité, Kaci Kullman Five, ella  reconoce que el premio “debe ser visto como un tributo a los colombianos que, a pesar de las grandes dificultades y abusos, no han perdido la esperanza de una paz justa y para todas las partes que han contribuido al proceso de paz”.

¿Qué partes han contribuido al proceso? Se sabe que Cuba, Venezuela y Chile jugaron un papel importante en las negociaciones de La Habana. Pero Noruega, en su condición de garante se convirtió en el fabricante de puentes durante los momentos de dificultad en las negociaciones. De manera permanente, Noruega tuvo a un delegado suyo en la mesa de negociaciones. Se trata de Dag Nylander, quien fuera encargado de negocios de la embajada de Noruega en Colombia entre los años 2006 y 2008.

Para la política exterior noruega trazada por la Primera Ministra de ese país, Erna Solberg, el éxito del proceso de paz en Colombia era una prioridad. Una vez se conoció que Santos era el ganador del Nobel, ella emitió un entusiasta comunicado aclarando que “Noruega seguirá apoyando los esfuerzos de paz de Colombia”.

En la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas, la dirigente enfocó su mensaje político en la reducción de la pobreza, el cambio climático y el proceso de paz de Colombia.

En el informe anual correspondiente de 2016 que el Ministerio de Relaciones Exteriores de Noruega le envió al parlamento para efectos de que se apruebe el presupuesto de esa entidad, el gobierno manifiesta que “En Colombia, Noruega ha estado involucrada en los esfuerzos humanitarios y de búsqueda de la paz desde 1990. Nuestra experiencia y la confianza que hemos despertado en los actores (Gobierno y Farc) ha dado resultados al punto de que Noruega está en el centro de los esfuerzos para ponerle fin a más de 50 años de violencia.

El resultado de ese “esfuerzo” se vio materializado en el acuerdo que la mayoría de colombianos rechazaron en las urnas el pasado 2 de octubre. Sin embargo, una vez fue firmado el documento de las 297 páginas, el ministro de Relaciones Exteriores de Noruega, evidentemente emocionado, declaró que “el acuerdo de paz tiene como objetivo resolver muchos retos fundamentales que inicialmente condujeron al conflicto, facilitando una mayor participación política, acceso a la tierra y las alternativas a la producción de coca”.

Los puntos que enumeró el ministro noruego fueron en buena medida los mismos que el pueblo colombiano rechazó en el plebiscito al decirle NO a la elegibilidad de los miembros de las Farc incursos en delitos de lesa humanidad y al reconocimiento de la producción y tráfico de drogas ilícitas como delito conexo al delito político.

La victoria del NO fue una derrota de los aspectos fundamentales del acuerdo Santos-Farc y de los intereses noruegos. Y aquello se vio materializado en la reacción del canciller noruego al manifestar su “decepción” por cuenta del resultado del plebiscito cuando la mayoría de ciudadanos votó, contra todo pronóstico, por el NO.

Noruega, entonces, debía salvar su reputación ante el mundo como el gran peace maker universal. Ahora, tiene todos sus esfuerzos afincados en sacar adelante el proceso de paz de Colombia y lograr un acuerdo entre el gobierno filipino y el partido comunista de ese país, negociaciones que tienen lugar en Oslo.

Y qué mejor manera de salvar o por lo menos eclipsar el resultado del plebiscito que concediéndole el Nobel de Paz a Juan Manuel Santos. Es, de alguna manera, una suerte de “yo con yo”. El comité del Noble noruego está integrado por 5 personas, todas ellas designadas por el Parlamento (la mayoría, como es obvio hace parte de la coalición de gobierno).

Actualmente, el gobierno es liderado por el partido conservador, en coalición con los progresistas y el respaldo de los partidos demócrata cristiano y liberal.

Al revisar la lista de los 5 integrantes del comité del Nobel de Paz, se encuentra que la presidenta del mismo, Kaci Kullman Five, es miembro del partido conservador (fue parlamentaria entre 1981 y 1997), colectividad a la que pertenece la Primera Ministra Erna Solberg.

Berit Reis-Andersen es otra integrante del comité. Militante del partido laborista noruego que la nominó para integrar el comité desde el año 2012. Su periodo culmina en diciembre del año entrante.

Inger Marie Ytterhorn, respaldada por el partido progresista noruego es asesora senior para asuntos políticos de su partido y la tercera integrante del comité del Nobel.

El exprimer ministro noruego, Thorbjørn Jagland, del partido laborista es el cuarto integrante del comité.

La lista la cierra el profesor Henrik Syse, miembro del prestigioso Peace Research Institute of Oslo –PRIO-, cuya designación en el comité del Nobel fue respaldada por el partido conservador.

Así las cosas, 3 de los 5 miembros del comité representan a los partidos que integran la coalición de un gobierno noruego que por ningún motivo puede darse el lujo de permitir que el “proceso de paz” colombiano naufrague.

El Nobel a Santos es un salvavidas como el que en 1994 se les lanzó a Arafat, Peres y Rabin, con la esperanza de que esta vez el galardón sirva como herramienta para encontrar un entendimiento que conduzca a la recomposición de los acuerdos, porque al fin y al cabo, como lo reconocieron quienes ororgaron el Nobel, el pueblo colombiano, mayoritariamente votó por el sí a la paz, pero no bajo las condiciones que fueron pactadas en La Habana.

Así las cosas, Santos no puede tomar el premio como una licencia para “hacer lo que le venga en gana”, sino como un llamado de atención para que cambie los aspectos del pacto con Timochenko que los colombianos rechazaron el 2 de octubre en las urnas.

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 13 de 2016