Los puntos negros en la biografía del próximo vicepresidente, el general Naranjo, conocido en el mundo criminal como “Natalia”.

 

Desde marzo próximo el general en retiro de la Policía Óscar Naranjo Trujillo será el nuevo vicepresidente de Colombia.

Ciertamente no es el cargo más relevante en la estructura de poder en Colombia. Baste recordar algunos nombres que han pasado por esa dignidad: Humberto de la Calle, Gustavo Bell, Angelino Garzón y el saliente, Germán Vargas Lleras.

La historia pública de Naranjo se remonta a finales de 1985. El 6 y 7 de noviembre de ese año un comando armado de la banda terrorista M-19 asaltó la sede del Palacio de Justicia, en el centro de Bogotá y demandó hacer un juicio político al entonces presidente Belisario Betancur.

El gobierno, sin embargo, ordenó a las fuerzas del orden la recuperación de la sede judicial y tras unas 27 horas de combates murieron casi un centenar de personas, entre ellas 11 de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y todos los facinerosos que atacaron el Palacio.

El jefe de seguridad de los magistrados de la Corte Suprema era el entonces capitán de la Policía Óscar Naranjo, quien más de 31 años después de la toma sigue sin explicar porqué la importante sede judicial estaba desamparada aquel aciago 6 de noviembre cuando los asaltantes irrumpieron a sangre y fuego.

Dando por descontado que Naranjo fue un pésimo policía, y que es posible que en los hechos del Palacio de Justicia hubiera actuado sin dolo, lo cierto es que en un país decente su torpeza le hubiera costado la baja y el final de su carrera de oficial. Pero no, Colombia no parece conocer ese tipo de medidas drásticas. Seguramente, para que no lo destituyeran, a Naranjo le ayudó el hecho de que su padre había sido también director de la Policía. Por los hechos del Palacio de Justicia, Naranjo también pasó de agache en la investigación de la Procuraduría General.

En 1994 llegó a la dirección de la Policía el general Rosso José Serrano, quien puso a Naranjo como jefe de inteligencia de la institución. En ese momento el país aún no se reponía de la noticia de que el entonces presidente, Ernesto Samper, había sido elegido con los dineros del cartel de Cali.

Para tratar de sostenerse en el puesto, Samper les ordenó a las Fuerzas Armadas capturar –al costo que  fuera necesario pagar– a la cúpula del cartel de Cali: los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez, José Santacruz Londoño y Hélmer “Pacho” Herrera.

Gracias a las “labores de inteligencia” adelantadas por Naranjo y Serrano, los mencionados capos terminaron en prisión. Con el tiempo se sabría que los mafiosos del cartel del Norte del Valle, encabezados por Orlando Henao, fueron los que en realidad entregaron a los Rodríguez y a Santacruz, a fin de bajar la presión sobre ellos.

El periodista uruguayo, Carlos Fazio, quien publicó una extensa crónica sobre los vínculos de Naranjo con el mundo criminal cuando el general fue nombrado como asesor del gobierno mexicano en el año 2012, asegura que entre el general Serrano y Oscar Naranjo “se robaron las recompensas del caso Rodríguez Orejuela y otras que, invariablemente, fueron entregadas a presuntos informantes. La transparencia, pues, no es un atributo de Naranjo”.

Danilo González fue un oscuro coronel de la Policía que apenas fue expulsado de la institución por su abusiva corrupción se convirtió en un narco más del cartel del Norte del Valle. A finales de marzo de 2004 González fue asesinado en una oficina de abogados del norte de Bogotá.

Días después del asesinato de González, la revista Semana publicó un confidencial que decía que “el coronel Óscar Naranjo, actual director de la Dijín, es un hombre de carácter. Había trabajado estrechamente hacía muchos años con el coronel en retiro de la Policía Danilo González, que posteriormente se convirtió en jefe de seguridad del cartel del norte del Valle y fue asesinado recientemente en Bogotá. Naranjo, uno de los hombres más destacados en la lucha contra el narcotráfico, decidió que lo cortés no quita lo valiente y les informó a sus superiores que en aras de la amistad del pasado quería asistir al sepelio de su antiguo compañero para acompañar a su familia en esos difíciles momentos”. Pero en ese mismo 2004, un grupo de fiscales antimafia recibió las declaraciones de varios narcos que daban cuenta de que Naranjo habría recibido dinero del capo Wilber Varela, alias “Jabón”, quien en su momento fue el jefe de Danilo González. A Naranjo en el bajo mundo lo llamaban con el alias de “Natalia”.

Con las declaraciones de esos testigos en sus manos, los fiscales Luis Fernando Torres y Álvaro Bayona consideraron oportuno vincular a Naranjo a un proceso penal mediante diligencia de indagatoria (radicado 777). No obstante, el entonces fiscal general de la Nación, se opuso a dicha medida y Torres y Bayona terminaron despedidos de la Fiscalía.

En otra investigación, a comienzos de 2013, el fiscal 11 delegado ante la Corte Suprema de Justicia, Julio Ospino Gutiérrez solicitó interrogar al capo del narcotráfico Daniel “El Loco” Barrera en el marco de una investigación “por presuntos hechos relacionados con narcotráfico de miembros de la policía nacional, entre ellos, los generales Oscar Adolfo Naranjo Trujillo y César Augusto Pinzón Arana, a quienes se les atribuye tener asignada nómina de 30 millones de pesos que es pagada por Héctor Jairo Saldarriaga jefe de sicarios del “Loco Barrera” a ambio de apoyo y circulación libre por Bogotá y el país y además de ello, que tienen una sociedad para el envío de droga a Europa”.

A finales de 2011, días antes de salir hacia el exilio el exalto comisionado para la paz, Luis Carlos Restrepo concedió una extensa entrevista para el diario El Espectador. Cuando el periodista le preguntó sobre su opinión frente al general Naranjo, el doctor Restrepo respondió: “Es un sepulcro blanqueado…Como manejé la ilegalidad de este país, lamentablemente me atravesé en cosas que a él no le conviene que se conozcan. Me lloró una vez en su oficina, pero le creo más a las lágrimas de Mancuso que a las suyas…”.

El 27 de abril de 2006, Juan David Naranjo, hermano menor de Óscar Naranjo, fue detenido en Alemania cuando en la ciudad de Colonia pretendía entregar 35 kilos de cocaína a supuestos compradores que, en realidad, eran policías infiltrados.

En treinta años de servicio público nunca creí que la maldición del narcotráfico, la cual he combatido sin tregua durante toda mi vida, llegara a mi propia casa”, diría poco después Naranjo en una rueda de prensa en un hotel bogotano.  Al final, el narcotraficante Juan David Naranjo fue condenado por las autoridades alemanas a siete años de prisión.

Años después, al referirse al caso de su hermano Juan David, Óscar Naranjo comentaría en la revista Semana que “las declaraciones de narcotraficantes que han purgado penas y ya están libres han aclarado ese episodio”.

Según dijo, “alias Guacamayo, lugarteniente de Don Diego (Montoya), confesó que a mi hermano se le tendió una trampa por orden de ese capo. El plan original era asesinarlo, pero Don Diego optó por la estrategia de enlodarme, usando a mi hermano, para buscar mi salida de la Policía y minar mi credibilidad”.

El 22 de mayo de 2006, Naranjo envió a un grupo de policías –vestidos de civil– a una supuesta operación contra el narcotráfico al municipio vallecaucano de Jamundí. En hechos confusos, una unidad militar disparó contra los policiales y 10 de ellos perdieron la vida. Más de una década después, Naranjo no ha sido claro a la hora de explicar a qué envió –vestidos de civil– a sus policías a Jamundí.

En mayo de 2007 se inició el ascenso vertiginoso de Naranjo al poder. La revista Semana publicó un artículo sobre unas supuestas interceptaciones telefónicas que tenían como responsables a altos mandos de la Policía.

El entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, convenció al presidente Álvaro Uribe de que el hombre para asumir la dirección de la Policía era Naranjo. Embaucado por Santos, Uribe descabezó a una docena de generales de la Policía y Naranjo asumió como máximo jefe de esa institución armada.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 17 de 2017