Parece volverse costumbre el incumplimiento del gobierno Juan Manuel Santos, en medio del proceso de paz, hace aproximadamente más de un año, la Comisión Interamericana de Derechos humanos ordenó al gobierno colombiano la adopción de medidas cautelares para preservar la vida  e integridad física de los niños Wayúu.

Medidas inmediatas para que los niños Wayúu pudieran tener acceso al agua potable y alimentos de calidad de manera sostenible y cantidad suficientes, fueron entre otros las recomendaciones de la Comisión para evitar que los niños indígenas siguieran muriendo de desnutrición.

Pero como es costumbre en el gobierno del Nobel de Paz, las medidas cautelares fueron incumplidas una y otra vez. El presidente posó para la foto e inauguró un acueducto que está muy lejos de solucionar los problemas de agua potable de los Wayúu.

El agua de La Guajira, parece convertirse en propiedad privada de las multinacionales y el gobierno parece hacerse el de oídos sordos. Mientras los niños y niñas de La Guajira mueren de sed, la explotación de la mina de carbón del Cerrejón utiliza diariamente 17 millones de litros de agua para su funcionamiento. Sumándole que el agua del río Ranchería se encuentra retenido en la represa el Cercado para abastecer cultivos y minería; parece que en La Guajira el recurso hídrico se privatizó para abastecer el bolsillo de algunos, descuidando la vida de otros.

Una vez más el gobierno del lado del más fuerte de la ecuación, pues muy lejos de lo que afirma Juan Manuel Santos las cifras hablan por sí solas, en el año 2016, año en que el gobierno debió poner en práctica las medidas necesarias para salvaguardar la vida de los niños Wayúu, la muerte de niños por desnutrición fue más del doble en comparación con el 2015, se pasó de 37 a 88 muertes en el año anterior.

El incumplimiento del gobierno no cesa, también Juan Manuel Santos le incumplió a la Corte Suprema de Justicia, quien le ordenó en julio de 2016, solucionar los problemas de desnutriciónn y garantizar el agua de las comunidades indígenas de La Guajira, permitiendo que los 198 millones de metros cúbicos de agua represada en el Cercado, llegue a las comunidades indígenas.

Nuevamente el incumplimiento es evidente, la desnutrición y escasez del agua es una realidad que avanza proporcionalmente con el incumplimiento del gobierno, los niños siguen muriendo y el gobierno sigue incumpliendo, en lo que va corrido del año 2017, más de 6 niños han muerto.

Al abandono estatal se suma los problemas de corrupción. Los miles de millones de pesos que giran alrededor del programa de Alimentación Escolar (PAE)  en La Guajira, son presa fácil para los depredadores de los recursos públicos, sin implementar mecanismos de control serios sobre estos recursos.

Mientras los niños Wayúu mueren de hambre, los corruptos se enriquecen con los recursos destinados a alimentar a los niños. En el 2016 la Contraloría reportó hallazgos fiscales por más de 16 mil millones de pesos en los Programas de Alimentaciónn Escolar, PAE, en La Guajira. Un suplicio que parece nunca acabar.

La corrupción, el abandono estatal, la privatización del agua y lo más triste, el olvido de la sociedad están sepultando día a día a los niños Wayúu. El incumplimiento y el derroche de los recursos públicos parece convertirse en la política de Estado del gobierno Santos.

Es tan paradójico que mientras el gobierno derrochaba millones de pesos en la firma del acuerdo final con Farc, mientras desfilaban grandes personalidades en la alfombra roja en Cartagena, los niños Wayúu seguían muriendo de desnutrición por negligencia estatal.

Miles de millones derrochó Juan Manuel Santos, en la firma del acuerdo final, acuerdo que fue rechazado por los colombianos en las urnas, miles de millones tirados a la basura, basura que muchas veces, es el único alimento que encuentras los niños en La Guajira.

No es extraño el incumplimiento Santos, es su práctica más frecuente, pero si es extraño que los colombianos no nos unamos para movilizarnos y exigir medidas inmediatas para garantizar la subsistencia de los Wayúu. Quizás el clamor popular sea el único salvavidas que le quede a nuestras comunidades.

@natiibedoya

Publicado: febrero 23 de 2017