Norman Julio Muñoz es el supuesto responsable de gran parte de las irregularidades y el deterioro en la calidad del servicio de salud a nivel nacional.

Análisis de David Meza Pretelt

Como si se tratara de una película de horror hollywoodense, la historia del actual Superintendente de Salud también tiene más de una parte. Antes de ocupar el cargo de este organismo técnico que según muchos pacientes y empleados del sistema cambió sus funciones de vigilancia y control, por las de la inquisición. Norman Muñoz ocupó el trono del viceministerio de Protección Social desde el año 2010.

Desde dicho viceministerio, direccionó su estrategia que hoy llama depuración, pero que para el sector privado que creyó en el Sistema General de Seguridad Social en Salud e invirtió en la creación de Empresas Prestadoras de Salud (EPS), se asemeja más a la expropiación, una visión que comparten empleados de la salud y pacientes con los que se ha trabajado en esta investigación.

El gobierno ha necesitado gran cantidad de recursos para llenar un vacío que Juan Manuel Santos nunca pudo capitalizar. Al carecer de apoyo popular, el dinero se ha convertido en la herramienta ideal y la salud, como muchos otros sectores se ha convertido en una caja menor, con la particularidad de que cualquier peso de la salud que cae en manos de corruptos, implica deterioro en la calidad de vida de pacientes y pérdida de vidas. Todo esto, presuntamente de la mano de cuestionados personajes como Norman Julio Muñoz, Guillermo Grosso y Claudia Constanza Rivero.

Jugando con la salud de los bogotanos

En tiempos en que el desprestigiado proceso con las Farc es irreversible, es clave recordar los atropellos y el despotismo que exhibe la izquierda cuando tiene en sus manos el poder.

En el año 2009, durante la alcaldía del condenado Samuel Moreno Rojas, se planificó la creación de una EPS que atendiera las necesidades de los pacientes, a quienes con violencia discursiva, hoy Muñoz prefiere llamar usuarios. Esta EPS inició operaciones en julio del año 2011 con el nombre de Capital Salud, seis meses después que Muñoz asumiera como viceministro de la  Protección Social, ente encargado de regular casi todo lo referente a las EPS.

El socio elegido para desarrollar la que actualmente es la mayor prestadora de servicios del régimen subsidiado en la capital colombiana, fue la empresa Salud Total de propiedad de los hermanos Wilches, quienes además son dueños del complejo hospitalario Virrey Solís y la Clínica los Nogales, entre otros.

Al ser creada Capital Salud, la empresa Salud Total entró en un proceso de sustitución patronal. La nueva EPS se quedaría entonces con la mayoría de empleados, pacientes e infraestructura que tenía la empresa de los Wilches y pasaría a atender solamente régimen subsidiado, dejando a los pacientes del régimen contributivo en la anterior empresa.

En sus inicios, Capital Salud operaba de forma relativamente satisfactoria; sus índices en calidad de prestación de servicio eran altos. Hoy en día, Capital Salud atiende a más de 1’600.000 pacientes del régimen subsidiado, tras recibir a los pacientes de Humana Vivir, Sol Salud y otras EPS quebradas o liquidadas por el gobierno. La mayoría de usuarios están ubicados en Bogotá y un pequeño porcentaje en los Llanos Orientales.

La debacle de esta EPS, inició con la administración de Gustavo Petro, que en el año 2012 nombró como Secretario de Salud a una de sus mayores fichas y hoy alcalde de Ibagué: Guillermo Jaramillo.

Hay que advertir que todo esto sucedió bajo la mirada del viceministro de Protección social de la época, Norman Julio Muñoz, a quien no le bastó con apropiarse de forma presuntamente ilegal de SaludCoop y Caprecom, como hoy lo prueban empleados, pacientes y asociados de dichas EPS a través de distintos recursos legales, sino que además se cree, según fuentes del sector, que quería echar mano de muchos otros prestadores de salud que no atendieran sus necesidades económicas y clientelistas.

Después de intentos fallidos por tomar el poder de la EPS mixta Capital Salud, llega Alba Mayorga, quien aliada con Guillermo Jaramillo, llevaron a la empresa a una crisis que derivaría en la imposición de una medida de vigilancia de la Superintendencia. Medida previa a una posible intervención.

Para el caso, es importante resaltar que testigos que prefieren mantener su identidad bajo reserva, vieron cómo a las juntas directivas de Capital Salud, Guillermo Jaramillo asistía siendo Secretario de Salud, convirtiéndose en juez y parte al influenciar las decisiones de la Empresa.

Los colmillos de Drácula

Norman Julio Muñoz inició labores en la Superintendencia de Salud en el año 2014 y extrañamente, la nueva gerente nombrada por la administración Peñalosa en Capital Salud, resultó ser Claudia Constanza Rivero, exfuncionaria de la Superintendencia de Salud, donde trabajó por más de 5 años ocupando altos cargos como la Dirección de Financiamiento del Ministerio de Salud y Protección Social y la Superintendencia Delegada para temas financieros de la salud.

Rivero trajo personajes cercanos a ella y a la Superintendencia de Salud a ocupar las primeras planas de Capital Salud, como Virginia Suarez Niño a quien designó en la Secretaría Jurídica.

Claudia Constanza Rivero se encuentra incursa en un proceso de responsabilidad fiscal por más de $898 millones de pesos por presunta apropiación de recursos parafiscales del sector salud e irregularidades en la intervención forzosa administrativa de varias EPS (Acá más información).

Aun así fue designada como gerente de Capital Salud y se encuentra hoy en el cargo. Además, cuenta con diferentes órdenes de arresto por irregularidades y demandas por fallas en la prestación de servicio.

Fuentes al interior de la empresa aseguran que la actual gerente ya no se atreve a trabajar desde su oficina sino que despacha desde las cafeterías de las sedes de la empresa para protegerse de las muchas órdenes de detención que tiene encima, debido a la inoperancia e incumplimiento de la EPS Capital Salud con los pacientes.

La cadena de sucesos que tienen hoy en día deteriorada la salud de los colombianos parece ser interminable. Hay una crisis en el sistema y la solución por parte del gobierno parece ser una fórmula muy conocida en el país vecino, cada vez que la Superintendencia de Salud ve la oportunidad de tomar poder sobre la operación de alguna empresa la interviene, recordando el clásico ¡exprópiese! del fallecido mandatario venezolano Hugo Chávez.

@DMezaPretelt