Fue un resultado importante que no se puede menospreciar. Poco más de 11 millones y medio de colombianos participaron en la denominada consulta anticorrupción promovida por la extrema izquierda –entre ellos la banda terrorista de las Farc- y cuya vocera principal fue la agresiva, intemperante y calumniadora Claudia Nayibe López.

Hay que reconocer que los colombianos enviaron un mensaje muy claro de descontento frente a la corrupción, fenómeno que se desbordó durante el gobierno de Juan Manuel Santos, cuando la mayoría de congresistas, algunos periodistas y muchísimos empresarios fueron atosigados con la denominada mermelada, esa misma que llegó a las arcas del hoy senador Antanas Mockus, quien durante el gobierno pasado fue, a través de su fundación Corpovisionarios, uno de los grandes favorecidos con el dinero de los colombianos a través de contratos gaseosos en el objeto, pero poderosos en sus cuantías.

Curioso que Mockus, el que se enriqueció fabulosamente con la danza de millones de la corrupción en los 8 años de Santos, hubiera sido uno de los principales promotores del consulta en cuestión.

Pero lo cierto es que la dirigencia nacional no puede pasar de largo frente a la expresión ciudadana. Esos millones de colombianos que concurrieron a las urnas, enviaron un mensaje que no debe ser desoído y que se convierte en un aliciente para que el gobierno del presidente Duque, con el apoyo decidido del Centro Democrático, continúe sacando adelante las iniciativas contra la corrupción, que fueron diseñadas y presentadas antes de que tuviera lugar la onerosa consulta.

En democracia se gana o se pierde. No hay puntos intermedios. Para que la consulta fuera aprobada, se requería del voto de 12.1 millones de colombianos. Faltó poco más de medio millón de sufragios, razón por la que dicha iniciativa, por la que los contribuyentes tuvieron que desembolsar la astronómica suma de $300 mil millones de pesos, literalmente ha quedado hundida, como sucedió en 2003 cuando el referendo presentado por el gobierno del presidente Uribe no alcanzó el umbral por la falta de unos pocos miles de votos.

Se dijo repetidamente que la consulta promovida por Nayibe López no era necesaria, pues la decisión política del gobierno Duque y del uribismo es la de enfrentar decidida y contundentemente a la corrupción. Nadie puede desconocer la ardentía y valentía con que el Centro Democrático enfrentó los desmanes y los abusos cometidos durante régimen Santos contra el tesoro público.

Al margen del hundimiento de la consulta, la lucha contra la corrupción seguirá dándose. Duque, como candidato presidencial fue enfático y contundente. Él, como presidente de Colombia, será perfecta y absolutamente intolerante con la corrupción.

Sus primeras acciones de gobierno apuntaron, precisamente, hacia temas clave para perseguir a los corruptos.

Lo que resulta imperdonable es que el país hubiera tenido que tirar a la basura $300 mil millones de pesos para darle gusto a la agresiva y amenazante Claudia Nayibe López quien vio en esa consulta el vehículo ideal para apuntalarse de cara a las elecciones locales del año entrante.

Mientras ella utilizó la consulta como herramienta electoral, dirigentes de su partido –el Verde- hacían campaña y concomitantemente desarrollaban actividades de corrupción, como el concejal de Neiva, Carlos Sterling, el diputado del Huila, Óscar Urueña y la personera Heidy Lorena Sánchez, razón por la que fueron capturados en un operativo maravilloso llevado a cabo por la fiscalía general de la nación.

Una cosa es hacer politiquería con el discurso de la lucha contra la corrupción como efectivamente sucede en el caso de Claudia Nayibe López y otra muy distinta es enfrentar ese cáncer que carcome a nuestra sociedad con la seriedad, compromiso y contundencia que se le ha visto al uribismo y al presidente Iván Duque.

@IrreverentesCol

Publicado: agosto: 26 de 2018