Faltan 5 largas semanas para la primera vuelta presidencial, lo cual es demasiado tiempo. En política, el péndulo se mueve rápidamente y las tendencias pueden variar de forma irremediable en un abrir y cerrar de ojos.

El candidato uribista, Iván Duque está haciendo un muy buen trabajo. Su desempeño en esta campaña ha sido admirable y el resultado de su labor se ve reflejada en la creciente capacidad de convocatoria de su campaña.

En lo político, hay que destacar que el uribismo en pleno, incluidos los sectores que en un comienzo promovieron la guerra sucia en su contra, hoy trabaja a brazo partido en la promoción de la candidatura de Duque. Quienes fueron sus rivales en la precandidatura, empezando por Carlos Holmes Trujillo y el exviceministro Rafael Nieto, no han parado de recorrer a Colombia haciendo proselitismo y presentando el programa de gobierno de Duque.

Las encuestas, hasta ahora, indican que habrá una segunda vuelta. En cualquier caso, Duque está a más de 13 puntos del 50% que exige la constitución para ganar en primera vuelta, razón por la que tanto su campaña como el Centro Democrático deben ir preparándose para el ballotage.

En la reciente encuesta de la empresa Guarumo, Duque obtuvo el 36.6%, Petro el 26.3%, Fajardo el 12.8%, Vargas 7.4% y De la Calle 3.4%.

Se equivocan radicalmente quienes creen que la segunda vuelta es una simple prolongación de 3 semanas de la campaña.

La experiencia de 2014, debió dejarle alguna experiencia al Centro Democrático. En aquellas elecciones el candidato del uribismo no era una persona con gran talante ni capacidad, pero tenía una ventaja innegable frente a Santos. Ganó en la primera vuelta, pero en la segunda fue derrotado.

Por eso, desde ya mismo los cuadros de la campaña de Iván Duque deben ir preparándose para la segunda vuelta, pero sobre todo en evitar que la campaña entre en un estancamiento durante las semanas que faltan para las elecciones del 27 de mayo.

Lo peor que le puede suceder al uribismo es que empiece a extenderse la percepción de que su candidato “tocó techo”. Aquello jugaría en contra de Duque y sería un tanque de oxígeno para sus rivales inmediatos, sobre todo para Vargas Lleras quien está empecinado en quitarle electores al aspirante uribista al precio que sea.

Además de ir a las ciudades, Duque debe hacer caso de la recomendación del presidente Uribe de recorrer los pueblos de Colombia, donde debe llegar el candidato y la publicad de su campaña. En este mes, literalmente hay que forrar al país con la imagen de Duque y con su estupendo programa de gobierno.

La campaña no ha sido fácil. El candidato ha trabajado a paso redoblado, sin descanso y con una disciplina admirable, pero se necesita un poco más.

Y de cara a la inminente segunda vuelta, le corresponderá atraer al mayor número de electores que en primera vuelta no votaron por él.

El rival del uribismo, Gustavo Petro, es un tipo de cuidado. Su campaña populista, resulta atractiva para amplios sectores, no necesariamente de izquierda. Duque deberá hallar las herramientas discursivas para convencer a los ciudadanos  de las bondades de su programa y evitar que se dejen seducir por los cantos de sirena del candidato chavista que promete tierras regaladas, confiscación de bienes, universidades gratuitas y un mundo de ilusiones asistencialistas que suenan muy bonitas, pero que son totalmente imposibles de materializar.

No se trata de caer en pesimismos ni de ver panoramas enrarecidos que no existen. Duque sigue a la cabeza, tiene todo para ganar las elecciones presidenciales, pero no está de más encender alertas adicionales, pues en política no hay nada escrito.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 24 de 2018