Los defensores del acuerdo Santos-Farc han planteado una campaña política muy agresiva, con la que se pretende aplastar al uribismo.

Con ocasión del debate que tuvo lugar por cuenta de la denuncia hecha por el presidente Uribe contra el humorista Daniel Samper Ospina, en relación con la violación de la intimidad de la hija de la senadora Paloma Valencia, se ha puesto sobre la mesa un elemento trascendental: el tono que tendrá la campaña política que empieza.

La declaración firmada por los más importantes periodistas de Colombia, que fue más allá de un mensaje de solidaridad con su colega Samper, se constituye en una proclama con evidentes tintes políticos y electorales.

El presidente Uribe ha sido un respetuoso patrocinador de la libertad de expresión. Durante su gobierno, abrió los canales para que los periodistas, afectos y críticos de su administración, pudieran ejercer con libertad y tranquilidad su oficio. Gracias a la seguridad democrática, se redujo dramáticamente el número de periodistas asesinados en nuestro país. Fueron muchos los comunicadores exiliados que pudieron regresar a Colombia.

Aquello no significó que el presidente no confrontara a unos pocos periodistas que, amparados por su condición, se convirtieron en verdaderos operadores y contradictores políticos.

Se dieron todas las libertades, sin caer en actitudes verdaderamente nocivas para la democracia como la repartición indiscriminada de pauta oficial o contratos multimillonarios a periodistas, como ha hecho Santos en casos puntuales a lo largo de sus 7 años de gobierno.

Durante la campaña del plebiscito del pasado 2 de octubre, el grueso de los medios masivos de comunicación se volcaron abiertamente a hacer campaña por el SÍ. No fueron pocos los periodistas que adoptaron y replicaron el discurso oficialista que calificaba a los promotores del NO como “enemigos de la paz”.

A pesar de las descalificaciones y de las evidentes limitaciones de espacios para la difusión de los argumentos del NO, ésta opción se impuso en las urnas, derrotando así a unos acuerdos inconvenientes y al otrora omnímodo poder de los medios de comunicación de Colombia.

El monopolio ya no lo tienen las grandes cadenas ni las casas editoriales. Con la irrupción de las nuevas tecnologías de información, de portales y redes sociales, la ciudadanía tiene acceso a más información, para efectos de ilustrarse de manera independiente y así poder adoptar sus decisiones.

El ambiente político y social de Colombia está absolutamente crispado. En 2010, Juan Manuel Santos recibió un país en el que existían diferencias ideológicas en el marco natural de la vida en democracia, pero unido entorno a unos principios republicanos. 8 años después, entregará a una nación fragmentada, sumida en el odio de unos hacia otros y con diferencias difícilmente reconciliables.

Las mayorías políticas, que no son reales, han impuesto unas condiciones bastante delicadas. Quienes no están con el gobierno, son calificados de “guerreristas”. Algunos periodistas, enceguecidos por el odio hacia el uribismo, no ahorran adjetivos peyorativos para referirse a quienes lideran la oposición y los militantes de la misma.

En los certámenes democráticos, al margen de cuál sea el sector triunfador, se mantienen unos principios elementales de vida sosegada en comunidad. Pero el tono que se le ha puesto a la campaña venidera, en la que los defensores del acuerdo Santos-Timochenko proyectan aplastar a la oposición, perseguirla, silenciarla y si es del caso encarcelarla con la implementación de la denominada jurisdicción especial de paz, hará que ésta, para desgracia de la democracia, sea una confrontación que arroje vencedores y vencidos, con lo que aquello significa.

Ante esa realidad, los sectores que integran a la coalición opositora están en la obligación de plantear una estrategia de campaña lo suficientemente eficaz para evitar que el gobierno y las Farc cumplan su propósito.

No será una carrera equilibrada. Con los grandes medios de comunicación en contra, sin el apoyo de los poderes económicos y un sector de “disidentes” de las Farc en armas haciendo campaña, la oposición liderada por el Centro Democrático está en la obligación de ganar las elecciones tanto de congreso y presidencia.

En octubre del año pasado se logró la victoria, a pesar de las dificultades. Corresponde asumir la campaña que empieza como un segundo round de aquel certamen, volviendo a demostrar que el pueblo colombiano, efectivamente, quiere que el país vuelva a transitar por los caminos en el que lo introdujo el presidente Uribe durante sus dos mandatos.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 19 de 2017