Timochenko debería callarse y concentrarse más bien en la reparación de sus víctimas, en la entrega de las rutas para el tráfico de cocaína, en la devolución de su inconmensurable fortuna y en atender los llamados de la justicia.

Si alguien debe ir a la mamerta comisión de la verdad, es él, pero no para justificarse sino para reconocer sus faltas y contar las atrocidades que cometió durante los más de 30 años que estuvo delinquiendo con el brazalete de las Farc.

El jefe terrorista está en mora de pedirle perdón de rodillas a nuestra sociedad. Mostrarse verdaderamente arrepentido del reclutamiento y violación de centenares de niñas, por haber secuestrado a miles de campesinos, empresarios, políticos, miembros de la Fuerza Pública y personas de la clase media.

Un extorsionista, ladrón, asesino, genocida y narcotraficante. Así puede resumirse el currículo de Timochenko quien no puede posar de dirigente político. Mientras no pague por sus delitos, le corresponde a la sociedad enrostrarle su pasado y recordarle que mientras no pida perdón, salde sus cuentas con la justicia y repare efectivamente a las víctimas, no hay disposición alguna de oírlo.

En las pasadas elecciones del 11 de marzo, cuando escasas 50 mil personas votaron por la banda terrorista de las Farc, quedó confirmado el rechazo social hacia esa estructura delincuencial. La primera muestra se dio con ocasión del plebiscito del 2 de octubre de 2016.

Los colombianos anhelan la paz, pero sin impunidad y mucho menos con los jefes terroristas pontificando como si fueran ídolos. Ellos deben entender que son despreciables y despreciados por la ciudadanía que durante más de 5 décadas padeció sus abusos y crímenes.

Resulta inaceptable entonces que el genocida Timochenko se atreva a “invitar” al expresidente Uribe a la ilegítima comisión de la verdad. Si Uribe resuelve ir a esa entidad , tendrá que hacerlo pero en condición de víctima del terrorismo de las Farc, banda que en 1983 asesinó brutalmente a su padre.

Uno de los efectos deleznables del acuerdo entre Santos y las Farc fue el de intentar borrar la historia de un tajo. Desde el mismo instante en que Santos se ganó el Nobel, ha intentado convertir por decreto a las Farc en una congregación de “angelitos”. Acordó llevar a 10 de los peores bandidos de esa estructura delincuencial al Congreso de la República, entre ellos a 4 peligrosos narcotraficantes pedidos en extradición:  Jesús Sántrich, Iván Márquez, Pablo Catatumbo y Carlos Antonio Lozada.

El acuerdo con las Farc quedó mal hecho y las entidades que fueron creadas no brindan ninguna garantía de imparcialidad, empezando por las cuestionadas JEP y la comisión de la verdad. Respecto de ésta última, integrada por lo más “selecto” de la izquierda radical colombiana, invertirá miles de millones de pesos haciendo un informe cuyas conclusiones son más que previsibles.

En aras de la verdad y de la redacción precisa de lo que sucedió en nuestro país, urge que el próximo gobierno ordene una recomposición de esa comisión de la verdad para efectos de que los colombianos tengan una versión de los hechos ajustada a la realidad y no a los intereses de las Farc.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 18 de 2018