Malestar en el Centro Democrático por la demora de la veedora Mery Becerra en el caso contra el concejal desquiciado.

El malestar de Uribe

El presidente Uribe no ha ocultado su malestar con la veedora del Centro Democrático, Mery Becerra. El motivo del mismo, es la pasividad con la que ella asumió el caso del concejal de Medellín, Santiago Jaramillo, quien se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para el CD.

Becerra, una politiquera posando de veedora

Conocedores de la mecánica diaria del Centro Democrático, aseguran que Mery Becerra es una politiquera inferior que ha ejercido sin decoro y lealtad la responsabilidad que le fue delegada.

Ella llegó al CD de la mano de Óscar Iván Zuluaga, por recomendación de la esposa de un rector universitario. Becerra, así mismo, hizo parte de la lista al Senado por el CD, en el renglón 43, un lugar de evidente relleno.

Perseguidora y abusiva

3 congresistas que hablaron con este portal y que por obvias razones pidieron reserva de sus nombres, coindicen en afirmar que la señora Becerra ha abusado de su cargo como veedora del Centro Democrático, persiguiendo a quienes no son de sus afectos y encubriendo a personas cuestionadas.

“Hace unas semanas, LOS IRREVERENTES denunciaron la complicidad de la doctora Mery con un violador que figuraba como directivo de nuestra colectividad en Buga. Así es ella: tapa hechos muy cuestionables y monta persecuciones contra quienes por obvias razones no confiamos en ella, dada su atonía moral”, le afirmó un legislador al director de este portal.

El caso del concejal Jaramillo

Santiago Jaramillo es un extraño sujeto que según se le ha reportado a LOS IRREVERENTES, comenzó como correveidile de la cuestionada exsenadora Liliana Rendón, enhorabuena separada de las filas uribistas.

Su lealtad con Rendón, le valió un lugar en la lista que para el concejo de Medellín elaboró Fabio Valencia Cossio, de cara a las elecciones regionales de 2015.

Así, sin trayectoria, preparación, talante o capacidad, Jaramillo pudo llegar al cabildo municipal.

Con un desequilibrio evidente

Ha trascendido que en la sesión plenaria del concejo de la capital antioqueña del pasado 4 de octubre, Santiago Jaramillo perdió el control y, por supuesto, el sano juicio. Su mirada desesperada y su discurso deshilvanado, en instantes incomprensible y atropellado, delata que el sujeto en cuestión necesita de asistencia psiquiátrica urgente.

Pero mientras se adelantan las terapias que requiere el cabildante, el partido uribista debe tomar cartas en el asunto y así lo espera el señor expresidente Uribe. La tardía decisión se dio, a través de una lánguida “suspensión temporal”.

Lo que no se logra explicar es por qué la veedora se tardó tanto tiempo en proceder, permitiendo que esta situación llegara al nivel en el que se encuentra, pues desde el mismo instante en que asumió su cargo como concejal, Jaramillo ha dado muestras de desequilibrio, las cuales han sido reportadas por todos sus colegas. Este no es el primer y seguramente no será el último episodio en el que se delata la afectación mental del paciente.

El caso es tan delicado, que se está valorando la posibilidad de adelantar una acción judicial para efectos de que el concejal sea cobijado por una interdicción por demencia.

Mientras tanto, la veedora Becerra, fuel a su estilo selectivo, continúa abusando de su posición para perseguir a los miembros del Centro Democrático que no son de su agrado.

@IrreverentesCol

Publicado: octubre 6 de 2017