Gloria Gaitán no le perdona a Uribe haberle cortado el chorro de dinero público con el que ella se nutría.

Psicoanálisis de una resentida

En 1942, el mundo político se vio alterado por cuenta la publicación del libro “Laureano Gómez, psicoanálisis de un resentido”, cuyo autor fue el reputado médico psiquiatra –liberal sectario, por demás-, José Francisco Socarrás.

Se trata de una obra en la que el autor intenta explicar, a través del análisis de la personalidad del jefe conservador, “¿por qué Gómez es como es?”.

En estos días en que se conmemoró un año más de Jorge Eliécer Gaitán, su hija Gloria ha vuelto a estar en el radar de los medios.

Ella, que tenía escasos 9 o 10 años cuando su padre fue baleado en la carrera séptima con avenida Jiménez, se ha nutrido como pocos de los restos mortales de quien fuera su progenitor.

Una mala costumbre

Gloria Gaitán no es la única “heredera” de un jefe político, que ha subsistido del legado de su padre. El caso de ella es bastante similar al de los hermanos Galán, quienes se han adjudicado el derecho a vivir del Estado, por el simple hecho de haber sido engendrados por el singularísimo dirigente político, asesinado por la mafia en 1989.

Y el erario es el que tiene que asumir, in sæcula sæcolorum, la manutención de aquellos vástagos que más parecen parásitos que seres útiles para la sociedad.

La rabia de Gloria Gaitán

Ira y resentimiento habitan en el alma de doña Gloria Gaitán quien a sus 80 años implora no bajar al sepulcro sin ver al señor presidente Uribe tras las rejas. Su sed justiciera se debe a un hecho que la doña no ha podido asimilar: el cierre, por orden del gobierno Uribe, del instituto Jorge Eliécer Gaitán, una entidad que durante años sirvió de banco privado del que la hija del caudillo obtuvo millonarios emolumentos.

Esa entidad había que liquidarla, no sin antes hacer una auditoría para determinar cuál fue la suerte de miles de millones de pesos del tesoro público que llegaron a sus arcas.

Gloria Gaitán debe explicarle al país qué pasó con los dineros que fueron destinados al dicho instituto y cuáles fueron las actividades que éste llevó a cabo.

La molestia de la señora, por la que pide cárcel para Uribe a través de cuanto micrófono le pasa por el frente, es porque, literalmente, en el gobierno de la seguridad democrática y del Estado austero, se le cortó el chorro a esa sinvergüencería en la que estaba convertido el instituto Jorge Eliécer Gaitán.

Desequilibrio mental evidente

La señora Gaitán no exhibe un solo argumento. Su resentimiento le impide razonar. El de ella sería un caso maravilloso para que el doctor Socarrás –si aún viviera- redactara un segundo libro, esta vez enfocado en la psiquis de la heredera de Jorge Eliécer Gaitán.

Su botafuegos apunta para todas partes. Al padre del presidente Uribe, sin prueba ninguna, lo acusa de haber sido “testaferro de Pablo Escobar”. Del doctor Luis Carlos Restrepo –hombre de probada honorabilidad-, dice que él alentó a unos paramilitares para que la asesinaran.

Las recientes apariciones de la hija de Gaitán ponen en evidencia que la octogenaria señora ha perdido el sano juicio y el sentido de las proporciones. A pesar de su evidentemente anacrónica intervención, no falta el despistado que le conceda autoridad. Al fin y al cabo, la que habla –dirán algunos-, es la hija de Jorge Eliécer Gaitán.

Cuando llegue la hora de hacer una valoración juiciosa y desprendida de apasionamientos sobre los orígenes de la violencia en Colombia, Gaitán ocupará, indefectiblemente, uno de los primeros lugares en el escalafón de los responsables de la tragedia nacional. Un hombre que incitó al odio y a la polarización como lo hizo él, merece ser juzgado con severidad por la historia.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 12 de 2017