Juan Manuel Galán, que habla de “autoridad moral”, debería recordar que buena parte del galanismo estuvo aliado con la mafia.

Recordando a Luis Carlos Galán

“Colombia está dominada por una oligarquía política que convirtió a la administración del Estado en un botín que se reparte a pedazos”.

La frase es del inmolado dirigente liberal, Luis Carlos Galán quien, claramente no se estaba refiriendo a sus hijos, quienes desde 1989, luego de su asesinato, se han convertido en verdaderos parásitos que viven de la savia de la República.

Dos de sus hijos son senadores y el otro es el cónsul general de Colombia en París.

Incoherencia de los Galán

A Luis Carlos Galán lo asesinó la mafia. De eso no queda duda alguna. Su lucha contra el narcotráfico y a favor de la extradición de los capos se convirtió en su sentencia de muerte.

Aunque el crimen fue cometido por el hampa, los colombianos han tenido que cargar con la responsabilidad de ese magnicidio, pagándoles millonarios sueldos a sus tres hijos que se han sentido con el derecho adquirido de ocupar puestos públicos por el simple hecho de llevar el apellido Galán a cuestas.

Luego del brutal asesinato de Galán, su viuda fue designada por el presidente Gaviria como embajadora de Colombia ante la Unesco, cuya sede queda en la ciudad de París. Allí estuvo, disfrutando de las mieles de la diplomacia durante más de 6 años.

Gaviria fue muy generoso con el así llamado galanismo. 28 de sus integrantes, fueron nombrados en embajadas y consulados, hecho que claramente habría crispado los nervios del doctor Galán quien seguramente se habría opuesto a que se abusara de esa forma del servicio diplomático para nombrar a personas que integraban su movimiento político.

Galanismo mafioso

Los “herederos” del legado político de Galán parece que no entendieron la lucha frontal que su jefe dio contra el narcotráfico.

No fueron pocos los galanistas que terminaron sellando alianzas corruptas con la mafia. Mauricio Guzmán Cuevas, fundador y jefe del Nuevo Liberalismo en el Valle, fue condenado por recibir dinero del cartel de Cali para financiar su candidatura a la alcaldía de Cali.

Carlos Alonso Lucio, conocido de autos por sus múltiples violaciones al código penal, fue en sus años mozos, jefe de las juventudes galanistas.

El dirigente caqueteño del grupo político de Galán, Andrés Páez, fue acusado de participar en el secuestro y posterior asesinato del congresista liberal Rodrigo Turbay Cote.

Otros socios políticos de Galán, como David Turbay Turbay y Eduardo Mestre, fueron condenados por recibir dinero de los hermanos Rodríguez Orejuela.

Doble moral

Juan Manuel Galán, hijo mayor del asesinado líder, hoy funge como senador. Posa de faro de la República señalando al expresidente Uribe de no tener “autoridad moral” para convocar a la marcha contra la corrupción del próximo 1 de abril.

Lo dice el joven congresista que de su padre heredó el apellido, mas no el talento. Valdría la pena que el senador tuviera un gesto de honestidad con el país y revelara porqué su familia continuó durante los dos primeros años del gobierno de Ernesto Samper en la embajada ante la Unesco. Curioso que los Galán trabajaran para un gobierno que fue elegido con la plata de la mafia, esa misma que mató a su padre.

¿El salario oficial estuvo por encima de la dignidad?

Ataques arteros

Juan Manuel Galán –que en su momento puso a César Gaviria a que intrigara ante el presidente Uribe para que lo designara como ministro plenipotenciario de la embajada de Colombia en Londres-, es valiente atacando a Uribe y al uribismo, pero en la distancia. Cuando tiene al exmandatario al frente, no es capaz de increparlo en su cara. Claramente, por las venas del niño Galán no corre la ardentía y el valor que caracterizaron a Luis Carlos.

El otro hijo, Carlos Fernando, es aún más aprensivo. Cobardemente, cuando el expresidente Uribe se encontraba convaleciente, se atrevió a acusarlo de narcotráfico. ¿Por qué no hacen esos ataques con pruebas, pero sobre todo, mirando a los ojos al increpado?

La vida privada de un hombre público

El senador Galán, que habla de “autoridad moral”, debería hacer un alto en el camino y recoger sus propias palabras. Él es el menos indicado para enarbolar ese tipo de discursos.

Galán desata su ira cuando se le menciona un escabroso episodio de su vida privada que delata su talante poco honorable.

Su exesposa Carmenza Lian, hija del fallecido ganadero, Gabriel Lian, vive una pesadilla por cuenta de Galán y del abuso que hace de su poder para intimidarla y presionarla psicológicamente.

La señora Lian, quien heredó una gigantesca fortuna de su padre, un exitoso empresario del agro de Santander, está en riesgo de perder la mitad de su herencia, pues Galán, de forma abusiva, está reclamando que en el divorcio se incluyan dos lujoso apartamentos que ella adquirió con la plata que le legó su padre antes de fallecer.

Una persona que es capaz de ello, debería pensarlo dos veces antes de hablar de “autoridad moral”.

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 30 de 2017