Remembranza del 10 de mayo de 1957, día en el que cayó la dictadura corrupta del general Gustavo Rojas Pinilla.

La marcha del 1 de abril

Cada vez toma más fuerza la convocatoria para el 1 de abril, día en el que la ciudadanía se botará a la calles para protestar en contra del gobierno. No hay un motivo específico en la convocatoria. Unos quieren salir para expresar su malestar por el robo del resultado del plebiscito del pasado 2 de octubre.

Como es sabido, el NO se impuso en la urnas y Santos, en vez de aceptar el veredicto popular, tomó el peligroso camino de maquillar el acuerdo con las Farc, para luego someterlo a refrendación de un congreso afecto al gobierno que no refleja la realidad nacional.

Pero también hay quienes saldrán a protestar por los escalofriantes hechos de corrupción revelados en los últimos meses, que involucran a personas cercanas al presidente de la República y a funcionarios y exfuncionarios de primer nivel.

Otro motivo de indignación ciudadana son las revelaciones sobre la forma corrupta como fue financiada la campaña de Santos de 2010 –recibió por lo menos $400 mil dólares de Odebrecht– y la campaña de la reelección de 2014, en la que la empresa brasilera habría donado alrededor de $2 millones de dólares.

Recordando el 10 de mayo de 1957

El general Gustavo Rojas Pinilla llegó al poder el 13 de junio de 1953, luego de darle un golpe de Estado al gobierno legítimo de Laureano Eleuterio Gómez Castro.

Rojas inauguró su régimen con el apoyo irrestricto del partido liberal y de un sector importante del conservatismo, liderado por el expresidente Mariano Ospina Pérez, declarado enemigo de Laureano Gómez.

El “escuadrón suicida”

En torno a la dictadura de Rojas, hubo respaldo político unánime. El país creyó que la satrapía era la solución a la honda crisis generada por la violencia bipartidista que se inauguró en 1930, con la llegada de Olaya Herrera, primer gobierno de la denominada república liberal.

En contraposición al régimen rojaspinillisa surgió un grupo de jóvenes conservadores, seguidores del depuesto Laureano Gómez, que empezó a ser conocido en los círculos políticos con el nombre de “escuadrón suicida”. Belisario Betancur, Alfredo Araujo Grau, Hugo Escobar Sierra, entre otros, literalmente se jugaron la vida denunciando los desmanes y abusos del general Rojas y de su círculo, entre ellos su yerno Samuel Moreno Díaz, quien de manera milagrosa y en muy poco tiempo amasó una formidable fortuna.

A Samuel Moreno Díaz le fue tan bien en el gobierno de Rojas, como le ha ido de bien a Roberto Prieto y su empresa Marketmedios en la administración de Juan Manuel Santos.

Descontento con el dictador

Era impensable que la dictadura fuera a caerse. Influenciado por Juan Domingo Perón, Rojas montó su gobierno sobre una plataforma demagógica que le granjeó impresionantes simpatías en la clase trabajadora y en muchos sectores del empresariado.

Para darle un matiz de legitimidad a su régimen, Rojas hizo que la Asamblea Nacional Constituyente, ANAC –cuerpo colegiado que había sido configurado por cuanto el congreso continuaba clausurado- ratificara a su gobierno para el periodo comprendido entre 1953 y 1958, año en el que debía convocarse a elecciones presidenciales.

Rojas, embelesado con el poder, le propuso a la ANAC que se le permitiera buscar la reelección para seguir en la presidencia en el cuatrienio comprendido entre 1958 y 1962.

Los universitarios recibieron muy mal esa propuesta y convocaron jornadas de protesta para oponerse a la iniciativa.

La caída de Rojas

Al inconformismo de los jóvenes, poco a poco fueron sumándose otros sectores de la vida nacional. Unos lo hicieron en oposición a un nuevo periodo de Rojas en el poder. Otros, manifestaron sus quejas por el abusivo uso de la fuerza de la dictadura contra sectores críticos. Algunos, rechazaron los actos de corrupción que empezaban a develarse.

Cuando se convocaron las protestas contra Rojas, nunca nadie esperaba que el dictador –que aún tenía buenos índices de popularidad- fuera a renunciar. Pero la jornada cívica sirvió para exteriorizar el malestar y la frustración reprimida que habitaba en el alma de la sociedad.

Los periódicos se sumaron a las protestas, suspendiendo su circulación. Los industriales, pararon sus máquinas. Rojas, desesperado, amenazó con militarizar las fábricas, pero su advertencia fue respondida con entereza social: los bancos privados también se sumaron al paro nacional.

En la madrugada del 10 de mayo de 1957, Rojas no aguantó más y presentó renuncia al cargo. Dio paso a una junta militar de gobierno que llevó las riendas del país durante 15 meses. Así se reestableció la democracia en Colombia.

Inconformismo con Santos

El mal gobierno de Santos ha tenido consecuencias en todas las áreas. La Constitución colombiana quedó hecha trizas con la incorporación a la Carta del acuerdo suscrito con las Farc. La democracia fue pisoteada con el robo que se le hizo a la ciudadanía que mayoritariamente voto NO en el plebiscito de octubre del año pasado.

El enrarecido panorama tiene consecuencias en la economía nacional, pues la inversión de capitales siempre se desincentiva cuando hay crisis políticas como la que hoy agobia a Colombia.

La marcha del 1 de abril será el momento idóneo para que la ciudadanía exprese su inconformismo con el gobierno. Será la hora definitiva para poner en evidencia la exasperación social que se registra a lo largo y ancho del país, muy parecida a la que se vivía en 1957.

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 22 de 2017