Gustavo Petro y Hollman Morris han confirmado que el odio y la violencia son el motor de su accionar político.

Unos salvajes

La escena de salvajismo que se registró en las afueras de la plaza de toros La Santamaría de Bogotá merece que los colombianos la asuman como una muestra de lo que sería un gobierno de corte totalitario liderado por el desmovilizado Gustavo Petro Urrego, quien fue el incitador de la turbamulta que agredió despiadadamente.

Circula en las redes sociales un “meme” que resume la contradicción de los manifestantes. Mientras se exhiben como defensores de la vida de los toros de lidia, paralelamente reivindican el aborto como un “derecho”. Cero coherencia.

Petro a responder

El exalcalde Petro y su compinche, el hoy concejal Hollman Morris, bastante recordado en el Canal Capital por haber utilizado ese medio de comunicación público como una policía política al servicio del petrismo (Puede leer “La Stasi de Hollman Morris”), deben responder judicialmente por el derramamiento de sangre que se vivió en Bogotá.

La fiscalía está en mora de llamarlos para que asuman las consecuencias. Fueron ellos los que convocaron a los desadaptados sociales que con palos y ladrillos alteraron el orden público, agrediendo físicamente a más de 30 personas. Las arengas de Petro y Morris se tradujeron en violencia contra ciudadanos inermes que, con todo el derecho, asistieron a la corrida de toros dominical.

El agresivo

No es la primera vez que Hollman Morris alienta a la violencia. Hace algunos meses, hizo algo similar con los habitantes de la calle que fueron desalojados de la denominada calle del Bronx, un antro de vicio y perdición que enhorabuena fue intervenido por las autoridades capitalinas.

Morris, ese mismo que le recomendaba al jefe terrorista alias Raúl Reyes hacer documentales con los secuestrados de las Farc para presionar al así llamado “acuerdo humanitario”, tiene como norma de conducta política sembrar el odio de unos hacia otros a través de la promoción de la caduca pero peligrosa lucha de clases.

Orden en la casa

El próximo secretario de Estado, el señor Rex Tillerson puso una pica en Flandes con sus primeras declaraciones respecto del acuerdo al que llegaron Santos y la banda terrorista de las Farc, con el apoyo irrestricto del gobierno de Obama.

El hoy expresidente de los Estados Unidos jugó un papel clave en la negociación de La Habana. No solo envió a un de sus más cercanos amigos, el inversionista Bernie Aronson, para que ejerciera como veedor, sino ordenó que su secretario de Estado se sentara a hablar privadamente con los cabecillas de las Farc.

Aronson, que tal y como en su momento revelaron LOS IRREVERENTES, tiene intereses comerciales en Colombia (“Puede leer “Los negocios de Bernie”) tiene que explicar realmente cuáles fueron los compromisos de la administración Obama con las Farc. Y algo igual tiene que hacer el exsecretario Kerry (Sobre ese asunto, lea “El Tejemanaje de enero 23”).

Pues bien: todos esos son los asuntos que el nuevo secretario de Estado, Tillerson, quiere aclarar. El nuevo gobierno no tiene la menor intención de mostrarse amable ni débil frente al terrorismo y, hoy por hoy, la banda terrorista más peligrosa de América son las Farc.

Nadie se imagina a un hombre con el talante del presidente Trump teniendo gestos de generosidad con la organización que durante los últimos 30 años inundó de cocaína a las calles estadounidenses. La banda criminal que secuestró y asesinó a ciudadanos norteamericanos.

En otras palabras, el señor Tillerson tiene el firme propósito de poner orden en la casa respecto del tema colombiano. (También puede leer “Con Trump las cosas cambiarán”).

@IrreverentesCol

Publicado: enero 24 de 2016