Según Garay: “el sindicalismo es producto de la Revolución industrial.” Puede ser definido como una asociación o agrupación formada para la defensa de los intereses económicos y laborales de un grupo de trabajadores asalariados.

Fue en Inglaterra donde aparecieron asociaciones de este tipo, las cuales reunían a sastres y tejedores que tenían como propósito fortalecer su posición frente a las grandes industrias.

El primer sindicato en Colombia data de 1847 cuando el sector de los artesanos se unió para exigirle al gobierno de ese entonces que incrementara los aranceles de los productos importados.

En el año 1928, se produjo el primer gran paro de trabajadores de la United Fruit Company convulsionando la pacifica región del Magdalena.

Debemos remontarnos a 1935 cuando nace la CTC, de origen liberal y comunista, Confederación De Trabajadores de Colombia.

En 1946 apareció la UTC, Unión de Trabajadores Colombianos, en un principio de origen conservador y jesuita para hacer contraprestación al movimiento comunista de CTC. De la UTC surge el líder conservador Tulio Cuevas, por ejemplo.

En 1964, sale a la palestra la CSTC, Confederación Social de Trabajadores de Colombia, de origen comunista organización sindical que  tuvo una gran relevancia hacia 1977 cuando bajo el gobierno de Alfonso López convocó a un paro nacional que por poco lo tumba. Ese paro fue violento dejando en tan solo Bogotá más de 40 muertos.

Hacia 1971, surge la CGT, Confederación General de Trabajadores, de tendencia social democracia teniendo en cuenta que en la década de los setenta del siglo pasado se creó un movimiento a nivel regional conocido como la democracia cristiana, sobre todo en Chile, cuyo representante más relevante fue Eduardo Frey quien apoyó a Salvador Allende.

De paso, resulta curioso que lo que hoy llaman cacerolazo contra el gobierno de Iván Duque Márquez, promovido por los dirigentes de la izquierda carnívora colombiana, haya surgido del descontento del pueblo chileno en contra del mismo Allende cuando la situación económica del país austral se convirtió en una olla a presión que reventaría posteriormente con la toma del poder del General Augusto Pinochet.

Tradicionalmente, las demandas de los sindicatos en Colombia han sido de origen económico y social. Sin embargo, se ha evolucionado hacia unas políticas como las que estamos viendo con motivo del paro nacional desde el mes de noviembre de los presentes.

¿Qué tiene que ver el desmonte del SMAD con las reivindicaciones económicas y sociales? ¿El diálogo con el ELN? ¿La OCDE?

Como lo formulan los estudiantes de la Universidad de los Andes en una pancarta cuando fue el actual rector de dicha universidad, doctor Alejandro Gaviria, quien participó en el gobierno de Juan Manuel Santos (JMS) para que Colombia ingresara a dicho organismo.

Hablando de JMS, quien tuvo una imagen desfavorable superior al 70% durante todo su gobierno, es necesario recordar que las diferentes organizaciones obreras le hicieron a dicho gobierno más de dos paros a nivel nacional de donde salió el famoso: El tal paro no existe.

Si bien, las reivindicaciones sociales y económicas pueden tener validez, es importante recordar que los sindicatos tan solo representan a menos del 8% de la población económicamente activa, es decir 1.700.000 personas, aproximadamente, cifra que viene en descenso de afiliados quienes no ven que sus agremiaciones los esté representando para lo que fueron creadas, como lo es el caso de FECODE, organización sindical que se ha convertido en un partido político de izquierda carnívora la cual presiona a diferentes gobiernos, adoctrinando a sus afiliados de acuerdo con sus sesgos ideológicos.

Es decir que al final, tan solo 1.700.000 personas convocados por el paro están afectando el bien estar de todos los colombianos causando pérdidas económicas superiores a los 10 billones de pesos a nivel nacional en tan solo 6 días.

Sin contar, con los más de 300 policías heridos, 3 muertos, uno perdió un ojo, mujeres policías heridas y golpeadas, pérdidas de Transmilenio superiores a los $5.000 millones. Se calcula que en tan solo Bogotá, se generaron pérdidas superiores a los $50.000 millones.

No tengo espacio suficiente para comentar del movimiento indígena del Cauca, quienes desde 1991 reciben miles de millones de pesos al año, sin rendir cuentas a la nación al igual que las universidades públicas por cuenta de su autonomía universitaria y presupuestal.

Por lo anterior, bien le haría al movimiento sindical colombiano una reingeniería con el fin de replantear sus reivindicaciones, las cuales pasaron de ser económicas y sociales a lo político porque mis derechos terminan, donde comienzan los demás.

Resulta que el sindicalismo colombiano, hace rato, pasó por encima de los derechos de los más, produciendo el caos existente.

Mientras tanto, la clase dirigente colombiana dormida en sus laureles.

Puntilla: curioso, que el entonces procurador Ordoñez sancionara de por vida a Andrés Felipe Arias, Vs. el actual procurador de pasarela Carrillo.

@RaGomezMar

Publicado: diciembre 10 de 2019