Acerbas críticas le han llovido por estos días al expresidente Álvaro Uribe a raíz de su reunión con el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad  y los dos comisionados acompañantes, por haberles dicho desde el comienzo, que él no reconocía la legitimidad de esa entidad porque es fruto de un arreglo que por mayoría  fue rechazado en las urnas,  y que por arte de birlibirloque, mediante una mera proposición, fue aprobado en el Congreso y después ratificado por la Corte Constitucional. Advertencia que, dicho sea de paso, fue expresada con absoluta claridad y en términos correctos, desde el momento mismo en el que se acordó el encuentro, y que el padre De Roux omitió mencionar en el comunicado de prensa que sacó antes de ir, porque dizque tenía “muchas presiones de la Comisión y del entorno”.

Críticas también hubo, hasta por la distribución de las sillas y otra suerte de majaderías de las que no voy a ocuparme, como tampoco lo haré sobre la intervención de los hijos de Uribe que, a pesar de haber puesto en evidencia el afecto político de la comisionada González por las FARC, sobraba.

 Vi una reunión cordial en la terraza de una residencia, un lugar aireado donde se podían guardar normas de bioseguridad y con muebles propios del lugar.

Relevante, sí, ver a De Roux en plan inquisidor, fastidiado y, por momentos, descompuesto agarrándose la cabeza  entre las manos, como preguntándose ¿por qué Uribe no dice lo que quiero que diga?

Contraste evidente con el trato deparado al del Nobel hace un par de meses cuando se presentó en la Comisión, que después de una hora larga de lectura de un documento en el que sinuosamente salpica con acusaciones graves al expresidente Uribe, y él, por supuesto, sale airoso, De Roux “profundamente conmovido” se deshizo en agradecimientos y elogios  en medio del gimoteos, pañuelos y lágrimas.

Destacable también, no solo la comentada jesuítica frase “de la señal superior sin expreso mandato” que arteramente dejó caer el sacerdote, y con la que “sin querer queriendo” van a acabar responsabilizando a Uribe por los “falsos positivos”, y que unida a otras que soltó, presagian hacia dónde está encaminado el informe final, esa reescritura amañada que harán de nuestra historia, y que están próximos a entregar, si no les conceden la prórroga que demandaron.

La dichosa Comisión no es, pues, garantía de nada, y menos en cabeza de     De Roux, cuya tendencia política ha sido evidente. Mientras se atreve a decir que “nadie es absolutamente malo”, refiriéndose a Uribe, a quien hace uno que otro reconocimiento, en una charla con Margarita De Francisco y Gonzalo Guillén (programa Palabras Mayores),  públicamente y sin pudor alguno, ha manifestado devoción por el grupo narco terrorista ELN, cuyos postulados dice él, “es muy de lo que en Colombia queremos”. Que siente “verdadera admiración por Pablo (…) un hombre como “Pablo Beltrán”, y un hombre como “Gabino” entre los hombres que yo he conocido en el ELN, desborda a muchos de los planteamientos políticos del país (…) nosotros no queremos el Estado capitalista, o si ustedes quieren, Estado burgués, pónganle el nombre que quieran, queremos un cambio”.

El solo nombre de esa Comisión ¡ofende!

@cdetoro

Publicado: agosto 29 de 2021