Jorge Gómez Pinilla es un sicario moral al servicio de Ernesto Samper y Horacio Serpa, responsables de la muerte del líder conservador Álvaro Gómez Hurtado. Valiéndose de los limitados espacios periodísticos con que cuenta, se ha dado a la tarea de desviar la atención de aquel magnicidio para efectos de proteger a sus patrones.

Pocas semanas antes de fallecer, Gómez Pinilla viajó a los Estados Unidos para entrevistar al ex embajador de los Estados Unidos en Colombia, Myles Frechette. A pesar de la avanzada y evidente demencia senil del exfuncionario norteamericano, el periodista, violando todos los principios éticos, hizo el reportaje para sacar lo que le interesaba: la frase en la que Frechette absolvía de cualquier responsabilidad a sus contratantes, Samper y Serpa.

Menos de una semana después de que la fiscalía general de la nación decretara que el asesinato de Álvaro Gómez fue un crimen de lesa humanidad, decisión que afecta de manera directa a los determinadores del magnicidio, Gómez Pinilla vuelve al ruedo para hacerle el respectivo mandado a aquellos.

A través de su columna en El Espectador, diario que le ha permitido tener un espacio desde el que Gómez Pinilla hace negocios y favores, salió a atacar a la familia del doctor Gómez Hurtado, concretamente a su hijo Mauricio a quien acusó de “trancarle” un libro que supuestamente está escribiendo, precisamente sobre aquel asesinato.

Curioso que el mandadero de los principales sospechosos del crimen esté interesado en publicar un libro sobre el particular. ¿Busca aclarar el asunto, o pretende continuar desviando la atención para favorecer la impunidad? La respuesta salta a la vista de todos.

De la forma más bellaca posible, Gómez Pinilla señala a Mauricio Gómez Escobar de impedirle conocer una supuesta grabación en la que un oscuro abogado asesinado narra detalles desconocidos del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, acusación con la que pretende dar a entender que el hijo del inmolado dirigente está interesado en ocultar indicios que ayudarían a esclarecer el crimen.

Gómez Pinilla, como Ernesto Samper y Horacio Serpa, sostiene la deleznable tesis de que a la familia Gómez Hurtado no le interesa conocer realmente quién ordenó el asesinato, sino cobrarle una multimillonaria indemnización al Estado colombiano.

Es natural que personas de la más baja catadura moral como son Samper, Serpa y Gómez Pinilla esgriman temas económicos. Nada menos puede esperarse de sujetos involucrados hasta los huesos con el narcotráfico. Samper y Serpa le pignoraron la dignidad de la República al cartel de Cali y Gómez Pinilla, es hermano de un peligroso y condenado capo de la mafia, que se dedicaba a abrir los vientres de mujeres para rellenarlos con cocaína.

Lo cierto es que la declaración del asesinato del doctor Gómez Hurtado como un crimen de lesa humanidad, cayó como un baldado de agua helada sobre Samper y Serpa, quienes se frotaban las manos esperando que llegara la fecha de prescripción. De nada les sirvió haber cuadrado a los anteriores fiscales generales de la nación para que enredaran la investigación, particularmente a Eduardo Montealegre Lynett. Sin el fantasma de la prescripción rondando, la justicia llegará, a pesar de los ataques y descalificaciones que los responsables del crimen ordenen adelantar contra los familiares del dirigente asesinado.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 9 de 2018