Nací y crecí en un hogar donde la política era pan de cada día. Mi padre, oftalmólogo, hacía todos los fines de semana brigadas de salud de los ojos, sin ningún costo para esos sectores vulnerables que no tenían acceso a la salud. Así recorrimos desde La Guajira, toda la costa y hasta el Caquetá.

Estas brigadas eran un paseo familiar. Desde muy pequeñas, acompañábamos a mi papá en sus giras. Aprendí mucho de las necesidades de las personas más humildes, que no eran resueltas. Increíble que hoy sigan sin ser resueltas, por ejemplo en La Guajira, sin mencionar otros sitios apartados.

Esta actividad de fin de semana, nos abrió la puerta a conocer la miseria en que vivían y aún viven desafortunadamente un gran número se colombianos.  Además permanentemente, mi papá, nos hacía ver las diferencias absurdas e injustas que existen en la vida de los niños. Nosotras con todo y esos niños sin nada.

Desde muy joven entonces, estuvo en la política, llegando al congreso y siendo alcalde de Cartagena en dos ocasiones. Cuando los alcaldes no eran elegidos sino nombrados. Murió cuando estaba en la mejor época de su vida, dejándonos un dolor en el alma, que allí permanece, también nos dejó muchas enseñanzas sobre la pobreza, la falta de oportunidades de la mayoría de los colombianos y un compromiso de trabajar por este país.

Es así, que he pasado gran parte de mi vida laboral ha sido en el sector público. Para mi lo público y la política son temas muy serios, en los cuales no podemos ir por ahí inventando o creando cosas que nos alejan de la realidad. Ese ha sido parte de nuestro problema, la falta de rigurosidad, en lo que creemos que es correcto, no siéndolo.

No creo en las gavillas, ni en la unión de personas para defender algo, con el solo fin de burlarse de quién piensa distinto. Además de querer hacerlo sentir como inadecuado. Nada de eso me extraña, pero si me preocupa que cada vez más lo que existe en los partidos políticos, es un tema de competencia y de ganar o perder entre los militantes del partido, dejando de lado las necesidades del país y sus posibles soluciones.

También me preocupa el olvido que existe, en los temas de economía, salud, educación, empleo, corrupción, como si estos no fueran esenciales, para lograr lo que para muchos es el tema de campaña, el Acuerdo de Paz.

Es importante que estos temas sean tocados a fondo por todos los candidatos, no solo mencionándolos y diciendo que los van a solucionar, sino que deben explicar que de dónde saldrían los recursos para llevar a cabo cada programa.

Los colombianos tenemos el deber de exigir a todos los candidatos su plan de gobierno, prioridades y que nos cuenten como va a ser el manejo del presupuesto nacional. Seguramente, además de la influencia paterna en mi gusto por lo público, que es innegable, he tenido la suerte de tener como jefes a Enrique Peñalosa en su pasada Alcaldía, y Álvaro Uribe, durante su primera campaña a la presidencia y ocho años de presidente.

Ambos en sus campañas y en sus gobiernos tenían muy claro las necesidades, las soluciones y el presupuesto. Sabían que los países y las ciudades son una mezcla de muchos temas, sin los cuales es imposible alcanzar los objetivos planteados a la comunidad. Siempre rigurosos, exigentes con la verdad, no me acostumbro a este desorden que tenemos a menos de un año de las elecciones.

Los temas prioritarios de esta campaña obviamente son el Acuerdo de Paz y la corrupción. Y de eso hablan los candidatos todo el tiempo. Sin embargo extraña, que además de la crítica, lógica y muy cierta, ni proponen soluciones, ni dicen como lo harían. En la política el cómo es más importante que el qué.

Parece que olvidaran que sin tratar temas muy a fondo y con clara fijación de prioridades, como la salud, la economía, la educación, el empleo, ni tendremos paz, por muchas modificaciones que se le hagan al desastroso Acuerdo de Paz, ni acabaremos con la corrupción.

Por eso es muy importante dejar las preferencias personales y ver que es lo que más le sirve a Colombia, en su actual situación. El futuro de Colombia está en juego y depende de nosotros elegir el que sirva y no el preferido.  Las animadversiones en política lo único que llevan es a excesos y extremos, donde se lucha por un poder que no existe. El único poder que existe es ganar para cambiarle el rumbo a Colombia. Lo demás es paja y habladuría.

El país espera que el Centro Democrático gane las elecciones. No olvidan los dos gobiernos de Álvaro Uribe. Los añoran y no podemos decepcionarlos. Al que añoran es a Álvaro Uribe. La única opción es ganar y esto se logra con la transparencia en el método de selección del candidato del partido, así como la unión de todos para apoyar el elegido.

En la inteligencia para manejar la situación está ganar o perder. No nos confundamos. No nos confundamos.

P.D. ¿De cuando acá hay personas que se creen palabra de Dios? Dios nos ampare y nos favorezca.

@AliciaArango

Publicado: julio 12 de 2017