Con lujo de detalles, sin evadir una sola pregunta, aclarando punto por punto en qué consistió su política de seguridad democrática, el presidente Uribe desmintió a Santos poniéndolo en evidencia por sus mentiras y afirmaciones sin sustento ante la comisión de la verdad.

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Existen suficientes pruebas que confirman la condición de miserable, tramposo y canalla de Santos, un malabarista y estafador político que llegó a la presidencia de Colombia a punta de engaños y maniobras oscuras, táctica que también utilizó para comprar el Nobel de Paz, premio que personalidades políticas escandinavas empiezan a solicitar que le sea retirado.

Juan Manuel Santos es un sujeto que juega sucio. Que no ataca de frente, que urde montajes. Incapaz de sostener una tesis política, prefiere derrotar a sus rivales a través de campañas de desprestigio.

Además del presidente Uribe, Santos ahora tiene en su mira al próximo embajador en Washington, Juan Carlos Pinzón quien fue su amigo y compañero de brega política.

Pinzón lo acompañó en el viceministerio de Defensa. Luego fue su secretario General cuando asumió la presidencia de la República. Pasó a ser ministro de Defensa en 2011 y luego embajador en los Estados Unidos.

En los últimos años, Pinzón ha marcado distancia de Santos, particularmente por la manera como impuso, en contra de la voluntad popular, el acuerdo con las Farc. Así mismo, ha sido crítico de la impunidad con que fueron cobijados los miembros de ese grupo terrorista. Sus reparos desataron la ira del santismo y, como podía esperarse, el expresidente no dudó en hacerle la guerra sucia.

Horas después de que empezara a hablarse de la designación de Pinzón como reemplazo de Francisco Santos, apareció un sicario moral que se vende al mejor postor -empresarios corruptos que huyen de la justicia colombiana lo tienen en su nómina- sacó una historia que involucra a un pariente de Pinzón en un asunto judicial, como si en aquel episodio el nuevo embajador tuviera alguna responsabilidad. Se nota a leguas la mano negra del expresidente Santos en ese burdo intento por minar moralmente a Pinzón Bueno, uno de los políticos colombianos con mayor proyección.

La lealtad riñe con el ADN de Juan Manuel Santos, un hombre ruin que, con sadismo, celebra en solitario las traiciones y mentiras que salen de su boca.

En esta ocasión, cuando trata de tender un manto de duda sobre la legitimidad de la política de seguridad democrática, no será fácil que alguien crea su puesta en escena. Durante los tres años en que ocupó el ministerio de Defensa aparecieron los denominados ‘falsos positivos’, delitos cometidos por individuos que deshonraron el uniforme y fueron inferiores a la confianza que la sociedad depositó en ellos.

¿Quién se comerá el cuento de que Santos no estaba de acuerdo con los lineamientos que en materia de Seguridad impartió el presidente Uribe? Él posaba como el más recio de los enemigos de las Farc. Celebraba los golpes que la Fuerza Pública le propinó a esa banda que él también calificaba como terrorista.

Es más, durante los primeros meses de su gobierno se aplicó la misma estrategia que desembocó en los bombardeos en los que fueron dados de baja el mono Jojoy y Alfonso Cano, cabecillas de las Farc. ¿En esas oportunidades la doctrina uribista sí fue buena?

Pero algo más: el hecho que impulsó definitivamente la posibilidad de que Santos se convirtiera en presidente de la República, fue la operación Jaque en la que fueron rescatados los secuestrados en poder de las Farc. Como bien ha narrado el presidente Uribe, Santos como ministro de Defensa no aportó mayor cosa a la planificación de la misma. Su papel fue básicamente nulo.

Sin embargo, los aplausos se los llevó él. En palabras de Uribe, su función era la de asumir los costos de los fracasos, mientras que la de los ministros era la de capitalizar los réditos de los éxitos.

Si de enaltecer la verdad se trata, los demás ministros de Defensa del gobierno Uribe tienen el deber moral de comparecer ante la opinión pública para informar sobre los procedimientos y los protocolos que se implementaron durante los años de aplicación de la Seguridad Democrática. La señora Martha Lucía Ramírez, Jorge Alberto Uribe, Camilo Ospina y el propio Gabriel Silva Luján tienen que contarle al país cómo se implementó la política de defensa nacional cuando ellos estuvieron al frente de esa labor. Su testimonio es necesario para que Colombia tenga la certeza plena de que, una vez más, Juan Manuel Santos, alias ‘El Señor’, ha vuelto a mentir.

@IrreverentesCol

Publicado: junio 16 de 2021