Nadie puede dudar de que el así llamado proceso de paz entre Santos y la banda terrorista de las Farc fue, en la práctica, una farsa monumental, que sirvió para que el exmandatario elegido y reelegido gracias al dinero corrupto de Odebrecht, ganara el Nobel de paz y unos pocos cabecillas del grupo armado ilegal, pudieran limpiar su pasado judicial. 

Peor que la guerra es una mala paz. las Farc no entregaron sus armas, no devolvieron el dinero, no han reparado a sus víctimas, no han reconocido sus delitos, han evitado aceptar su responsabilidad en los peores crímenes que se perpetraron en las últimas décadas en nuestro país y, de acuerdo con informaciones recientes de inteligencia militar, sus disidencias se han duplicado en pocos meses. 

Los diálogos con esa estructura armada, se adelantaron con un absoluto e inaudito secretismo. Mientras los delegados de Santos y Timochenko dnegociaban en La Habana, el país no tenía ni el más remoto conocimiento de lo que se estaba pactando. Cuando se advirtió sobre el peligro de la elegibilidad, Santos le mintió al país diciendo que los cabecillas de las Farc nunca llegarían al Congreso de la República y que tampoco se darían curules gratuitas. 

Hoy, genocidas como Pablo Catatumbo, Carlos Antonio Lozada, Benkos Biojó, Victoria Sandino y alias Sandra -quien era la concubina de Tirofijo- son senadores. El prófugo extraditable, Jesús Sántrich fue designado como Representante a la Cámara. Algo parecido a lo que padeció nuestro país a comienzos de la década de los 80 del siglo pasado, cuando Pablo Escobar ocupó una curul en la cámara baja de nuestro parlamento. 

Las revelaciones de nuestras Fuerzas Militares son extremadamente preocupantes. En tan solo 12 meses, las Farc multiplicaron por dos el número de integrantes de las denominadas disidencias, estructuras que ejercen presencia criminal en 140 municipios del país -más del 10%-. 

Los grupos más grandes son los liderados por alias Gentil Duarte y por Iván Márquez y Jesús Sántrich

Así las cosas, haciendo números ortodoxos, las Farc hoy tendrían cerca de 5 mil hombres en armas, lo que convierte a ese grupo terrorista en un híbrido integrado por dos componentes: una parte hace política desde asientos en el Congreso de la República, mientras que la otra se dedica a delinquir desde la clandestinidad, armada hasta los dientes y controlando el grueso del tráfico de estupefacientes en nuestro país.

Así, se explica la reacción desesperada de algunos cabecillas de ese grupo delincuencial que, desde su inmerecida condición de senadores de la República, rechazan el acuerdo de cooperación para la lucha contra el narcotráfico recientemente celebrado entre los presidentes Duque y Trump, alegando una cantidad de majaderías que no creería ni la persona más paranoica de la Tierra. Lo cierto es que las Farc sienten pasos de animal grande con la decisión irreductible del gobierno nacional de acabar con los cultivos ilícitos.         

El crecimiento desbocado de las disidencias de las Farc no son un asunto menor y, en consecuencia, debe procederse con toda la contundencia del caso. La Fuerza Pública tiene ante si un enorme desafío para evitar que el brazo armado de las Farc continúe aumentando exponencialmente. 

@IrreverentesCol

Publicado: junio 1 de 2020