En la comunicación política, el uso del lenguaje resulta fundamental para transmitir el mensaje correcto, sin espacios para las malas interpretaciones.

Por eso, lo que ocurrió con el resultado del plebiscito y la forma como Santos desconoció el resultado, tiene un nombre: robo.

Esto no tiene matices ni interpretaciones. Luego de perder el plebiscito, Santos escogió el camino de cumplirle a los delincuentes de las Farc y aquello lo obligó a darle un zarpazo a la democracia, robándose la votación.

Los 6.5 millones de colombianos que fueron asaltados no se quedarán atónitos viendo cómo sus votos fueron usurpados para cumplir un acuerdo criminal con Timochenko.

De ahí que las elecciones de 2018 se conviertan en el escenario para elegir nuevo Congreso, nuevo presidente y de paso ratificar lo que se decidió el 2 de octubre. (Sobre la campaña presidencial, puede leer “Arrancan las elecciones”).

Todas las arbitrariedades que vayan a ser impuestas como consecuencia del robo del plebiscito, todas las normas que se aprueben de manera ilegítima, todas las prebendas que se vayan a conceder y que hagan parte de las razones por las que el NO ganó deben ser reversadas. Y para ello se requiere que el próximo sea un gobierno firme, con convicción y carácter y acompañado por una cómoda mayoría parlamentaria.

Lo que en retorcido derecho hará Juan Manuel Santos, en buen derecho debe ser desmontado en 2018.

Mientras llega el fin del régimen santista, la oposición deberá consolidarse, ampliarse y elaborar un programa de gobierno que recoja el sentir de los distintos sectores que no quieren que Colombia siga por el camino en el que se encuentra.

La impopularidad de Santos seguirá creciendo exponencialmente. El porcentaje de ciudadanos que lo respaldan llegará en el primer semestre del año entrante a un dígito. Cuando el pueblo empiece a ver las consecuencias de la claudicación ante las Farc, el desencanto y la frustración crecerán como espuma.

Santos hizo todo para pasar a la historia como el mejor presidente de Colombia, como el hombre que hizo la paz en el país. El resultado fue totalmente contrario. Para coronar su proceso con el terrorismo se vio obligado a robarse unas elecciones y para lograr el Nobel de Paz tuvo que adjudicarle al gobierno de Noruega ricos yacimientos petroleros en el mar Caribe. (Sobre la compra del Nobel, puede leer “No hay almuerzo gratis”).

El recuerdo que los colombianos tienen de muchos de sus expresidentes no es el mejor. A Belisario Betancourt lo ven como un mandatario fallido y cobarde. A César Gaviria como un politiquero, a Ernesto Samper como un corrupto involucrado en el magnicidio de Álvaro Gómez. Después del 7 de agosto de 2018, a Juan Manuel Santos Colombia lo recordará como el mandatario que se rindió ante unos pocos cabecillas del terrorismo que para lograr su propósito de firmar un acuerdo con ellos corrompió al país de una manera nunca antes vista, llegando al extremo inaudito de pagar con petróleo colombiano el Nobel de Paz.

Santos tuvo todo a su mano para ser el mejor presidente de la historia. Recibió el poder acompañado de una gigantesca herencia política. El terrorismo estaba reducido a su mínima expresión. Era cuestión de perseverancia y de coherencia en la aplicación de la seguridad democrática para acabar con los rezagos que quedaban de las Farc.

Uribe mandó a las Farc a lo más profundo de las selvas colombianas y Santos fue hasta allá, no para combatirlos como le correspondía, sino para rescatarlos y llevarlos a La Habana ciudad en la que les procuró una transformación extrema: dejaron de ser unos narcotraficantes y terroristas para convertirse en actores de la política nacional.

Lo hecho por Santos fue una fechoría. Estafó a los electores a los que les dijo que continuaría por el camino de Uribe. Y como no hay crimen perfecto, la ciudadanía le pasó la cuenta de cobro el 2 de octubre. Santos, fiel a su naturaleza tramposa, en vez de aceptar con humildad la implacable muenda democrática, optó por seguir sus malsanos instintos y procedió en consecuencia robándose el resultado de aquella votación.

@IrreverentesCol