Todo lo que viene sucediendo en el ámbito social en Colombia y Latinoamérica es producto de la forma de contratar durante la colonización española, mediante el uso cruel y despiadado de los sistemas de contratación; Mita y Encomienda, los que prácticamente esclavizaban a los nativos indígenas. 

Y no permitió la posterior industrialización del país, que se quedó atrás cuando emergió la revolución industrial, proceso de transformación económica, social y tecnológica, que se inició en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVIII, y se extendió unas décadas después a la América Anglosajona y concluyó en 1840. 

Durante este periodo, se vivió el mayor conjunto de transformaciones económicas y sociales de la historia de la humanidad, que dio el paso de una economía rural basada en la agricultura y el comercio a una economía de carácter industrializado. 

La Mita y la Encomienda, la concentración de la riqueza en pocas manos, los eternos monopolios, la poca industrialización del país, y la ausencia del Estado en la mayor parte del territorio nacional, han generado la gran inequidad existente. Sin duda Colombia es uno de los países más inequitativos del sistema de países de las Naciones Unidas. 

Entonces la deuda histórica para con los ciudadanos, ha sido el caldo de cultivo para la insurgencia y los movimientos de izquierda y ha generado ese enorme rencor que llevan muchísimos colombianos en sus corazones, incluso entre los que han ido emergiendo (de manera admirable) por la capacidad de sus propios esfuerzos.

Las consecuencias saltan a la vista, una enorme inconformidad sobre todo de los sectores más vulnerables e incluso de los que vienen emergiendo, que surgen, pero lo hacen llevando en sus sentimientos un gran rencor, una sed potencial de venganza, lista y apta para ser usada cuando se dé la oportunidad. 

Hoy vemos por ejemplo cómo las Cortes, magistrados generalmente de extracción media-baja y que admirablemente han ido surgiendo, se han convertido en instrumentos para la venganza social, haciendo mal uso del poder, dejando a un lado la labor judicial para convertirse en legisladores. 

Ante el fracaso del Estado de no poder promover las reglas de juego que redunde en el bienestar de los ciudadanos, abunda entonces en compensación, la práctica de dejar hacer, dejar pasar, la de permitirlo todo. Y es por eso que el Estado en contra prestación a ese fracaso permite toda clase de abusos contra la institucionalidad. 

Se reforman leyes que por ejemplo permiten a los ciudadanos no solo faltar el respeto a las autoridades sino atacarlas físicamente, como los eventos que se ven mostrado en los medios de comunicación,donde los manifestantes de una supuesta marcha pacífica de estudiantes, atacan sin piedad a los policías, o los campesinos atacando con armas corto punzantes a los soldados de la Fuerzas Militares.  

Incluso el ataque despiadado de las Cortes al doctor Uribe Vélez y sus seguidores, es una forma de venganza social, por ser los mayores opositores a estos movimientos de izquierda, llenos de rencor, sistema que se ha demostrado a la saciedad que no funciona y  que son un fracaso, y en cambio si permiten desfogar y exorcizar el enorme rencor y la furia que llevan por dentro. No estaba equivocado quien algún día dijo que el comunismo es una patología de la mente.

@rodrigueztorice

Publicado: octubre 17 de 2019