La solidez de una democracia es directamente proporcional a la fuerza de los partidos políticos. Una de las estrategias del socialismo consiste, precisamente, en debilitar las colectividades democráticas para efectos de reemplazarlas por modelos donde impera el régimen de partido único.

Así, en Cuba y Venezuela, se impusieron partidos en los que el disenso no es permitido.  

En Colombia, los partidos tradicionales han sufrido un acelerado marchitamiento, como consecuencia del clientelismo y la política transaccional. El conservatismo de antaño, ese que defendía el ideario que hace 170 años plantearon Mariano Ospina Rodríguez y José Eusebio Caro, está totalmente desdibujado por cuenta de las decisiones politiqueras que sus dirigentes adoptaron en los últimos años.

Resultaba inadmisible que el partido conservador, ese que defiende le orden y la legalidad, sin ningún tipo de privilegios, se haya entregado al gobierno de Santos por unos cuantos puestos en la burocracia estatal. Cuando Santos pactó la entrega de la democracia colombiana a la banda terrorista de las Farc, el conservatismo en vez de estar a la altura de su responsabilidad histórica, volteó la mirada y sus congresistas, debidamente atosigados con mermeladaoficial, coadyuvaron la rendición del Estado. 

Como si fuera imposible llegar más bajo, los conservadores resolvieron nombrar en la presidencia de la dirección del partido a uno de los políticos más sucios, marrulleros, cuestionados que tiene esa colectividad: el huilense Hernán Andrade.

Andrade es la personificación de todo lo que significa no ser conservador. Su presencia al frente del directorio de esa importante colectividad, era motivo de vergüenza y burlas. 

En buen momento, los jerarcas conservadores tomaron la inteligente decisión de reconstruir al partido que tantos motivos de orgullo le ha dado a nuestro país. De esa colectividad emergieron líderes como Laureano Gómez, José Vicente Concha, Pedro Nel Ospina, el maestro Guillermo Valencia, entre muchos otros.

Es mucho lo que el conservatismo, corriente pura que durante años fue dirigida por uno de los más grandes hombres de nuestro tiempo, Álvaro Gómez Hurtado, le ha dado a Colombia. 

Las ideas conservadoras, esas que hoy se encuentran totalmente eclipsadas por la politiquería, hoy se encuentran más vigentes que nunca. 

Por eso, resulta inteligente que el conservatismo haya acudido a uno de sus más encumbrados dirigentes para efectos de impulsar su renacer. Ómar Yepes Alzate, quien ya estaba disfrutando de un merecidísimo retiro, llega en un momento clave a la presidencia del directorio nacional conservador. 

Yepes, que sabe como pocos del quehacer electoral, tiene claro que su partido necesita ser sometido a una reingeniería profunda en la que todos los sectores deben poner de su parte. Esto no es cuestión de cálculos ni de sectarismo: el partido conservador está al borde del abismo y si desde sus más profundas estructuras no es sometido a una reajuste, escasamente podrá conmemorar sus 170 años de fundación, para luego dejar de existir en el panorama político nacional y terminar convertido en una colectividad marginal, encargada de tramitar avales. 

Por el bien de nuestra democracia, hay que apoyar las medidas que adopte el nuevo presidente del conservatismo, Ómar Yepes, quien es el único dirigente de ese partido con la capacidad de sacarlo adelante. 

@IrreverentesCol

Publicado: marzo 7 de 2019