Las palabras esdrújulas fascinan a los poetas. Quién no admira aquella rima cadenciosa de Chico Buarque, “sentose a descansar como si fuese sábado; comió su pan con queso cual si fuese un príncipe; bebió y sollozó como si fuese un náufrago (…) y tropezó en el cielo con su paso alcohólico…”

Los políticos no manejan la esdrújula con el mismo amor y soltura; máxime si tienen plural irregular. Con ‘régimen’ sí que se enredan. Les atemoriza poner el bendito acento en la i correcta y terminan con un galimatías de ‘régimenes’ o ‘regimenes, en fin… Todo por no consultar el diccionario o, si les da pereza, preguntar, para enterarse que el plural de régimen es irregular; que si ponemos la tilde en donde naturalmente debiera ir -si la ‘sobresdrujuláramos’, por decirlo de alguna manera-, quedaría una palabra impronunciable: ‘régimenes’. 

Pues bien, uno de los regímenes (bien acentuado) más azarosos que ha tenido la América nuestra, el régimen chavista, está que tumba al gobierno del reino de España.

El Partido Socialista (PSOE) de Pedro Sánchez llegó a la presidencia (junio 2018) apoyado por los comunistas. En diciembre de 2019 convocaron elecciones, seguros de obtener mayoría suficiente para gobernar sin la compañía incomoda de comunistas e independentistas. Pero, ¡pum!, les fue mal y tocó hacer lo contrario: pactar la cohabitación del PSOE con los chavistas españoles -¡qué sí, que esos especímenes existen!-, de Unidas-Podemos.

España no se manda sola. Pertenece a la Unión Europea, que son veintisiete Estados reunidos. No es un solo Estado, como Estados Unidos, sino que tiene que respetar las decisiones colectivas de Europa, so pena de gravísimas consecuencias.   

¿Cómo les explicara, entonces, el embrollo que se armó en España? 

La UE prohibió (permanentemente) la entrada a su territorio de cuarenta jerarcas chavistas. Con nombre propio. Los castiga por ser represores, atrabiliarios, torturadores. La número tres del régimen, Delcy Rodríguez, vicepresidente de Venezuela, está en esa lista negra.   

Pero esos jerarcas, comenzando por el dictador Maduro, son íntimos de Pablo Iglesias, quien es el actual vicepresidente del gobierno de España, por obra y gracia de la dichosa -azarosa- cohabitación.

Esa íntima amistad, deviene de cuando Chávez convocó la constituyente bolivariana (1999). Se trajo para Venezuela a una banda de jóvenes comunistas españoles, entre ellos Iglesias, Monedero, Errejón y demás ‘raras avis’, para que redactaran, así como suena, redactaran, la Constitución que destruyó a la ‘infeliz Caracas’ -para usar la compungida expresión del Libertador en su carta de Cartagena-. Después, Chávez llenó de oro a Iglesias y a sus camaradas, y ellos, con eficiencia leninista, fundaron Podemos, partido con el que llegaron al parlamento y ahora al cogobierno en España, un país de la UE.

El régimen de Maduro -¡El que pone la plata pone las condiciones!-, en enero de 2020, mandó a la vicepresidente Delcy Rodriguez a España. ¿Cómo no voy a poder hacerlo si allá están cogobernando mis viejos camaradas y eternos compinches? ¡Al diablo la UE!, pensaría.

¡Imagínense el encarte! Iglesias como que no fue capaz (no podía, ¡pues cómo!, después de toda esa plata) de decir que no, que mejor otro día. La Delcy partió desde

Caracas en su flamante jet privado y cuando llegó a Madrid, ni Sánchez ni Iglesias estaban esperándola. Mandaron a un pobre ministro socialista, un tal Ábalos, a que disimulara y bregara a despacharla ahí mismo para Turquía. ¡Cuál Turquía!, como que dijo ella. Y la tuvieron que dejar descansar en una sala de lujo y desembarcar cuarenta maletas que traía para dejar en España.

El pobre ministro Ábalos ya se dio cuenta que lo usaron como ‘gancho ciego’. Que todos, menos él, sabían que en el avión llegaba la vicepresidente del régimen tiránico. Lo sabía el presidente, el vicepresidente, la ministra de relaciones, el ministro del interior… Todos, menos él. Y si él también lo sabía, peor… 

Ya imaginarán ustedes la seguidilla de mentiras que ha dicho o tenido que decir: desde que ni siquiera fue al aeropuerto, pasando por nunca haber visto a la Delcy, siguiendo con que la vio, pero no le habló y jurando que la señora nunca tocó territorio europeo. ¡Una calamidad! Y todo lo ha dicho “en sede parlamentaria”, es decir, en debates del congreso, que es casi como declarar bajo juramento.

Por eso digo que el régimen chavista está que tumba al gobierno de España. Porque seguramente tiene chantajeados a los chavistas españoles; porque les deben estar exigiendo que rompan el cerco que los asfixia. Les piden un imposible. 

La semana pasada detuvieron en Barbados otra avioneta de los jerarcas del régimen. ¿Adivinen qué encontraron? ¡Una tonelada de oro! En España, Vox, partido de oposición, aguzado como es, tomó nota y se hizo oír en la Cámara de los diputados: “Delcy es una simple estafetera; a lo que se prestaron Sánchez e Iglesias fue a un vulgar lavado de activos” Y Trump ya también preguntó que en qué diablos está metido Sánchez y que qué piensa hacer Europa con esos vuelos tan raros…

Pensando en el futuro de Sánchez e Iglesias, a muchos nos quedó sonando el ácido comentario que hizo una ciudadana española en la TV: “yo a esos, nunca les vi buena laya”

@JOSEOBDULIO

Publicado: febrero 24 de 2020