Desde hace un par de meses venía insistiéndose en la necesidad de darle un viraje al manejo del día a día del gobierno nacional. En la Casa de Nariño empezaba a sentirse cierto desgaste, fenómeno que obligó a que el presidente reorganizara sus fichas y la primera decisión fue la de aceptar la renuncia de Jorge Mario Eastman, quien venía desempeñándose como secretario general de la presidencia.

El doctor Eastman, un hombre con amplísima experiencia en el sector público, tuvo que asumir el desgaste del nuevo gobierno, soportando muchas presiones de la clase política malacostumbrada a la “mermelada” durante los 8 años de Santos. 

Su amistad, cercanía y compromiso con el gobierno del presidente Duque son indiscutibles, razón por la que será enviado a El Vaticano, a ocupar esa importante Embajada.

Ahora bien: aquel no será el único cambio. Seguramente, vendrán relevos en algunos ministerios, los cuales resultan prioritarios.

Al presidente Duque, sus enemigos políticos lo tienen perfectamente asediado. Petro, las Farc y algunos sectores de la política tradicional como el que lidera Germán Vargas Lleras, se han fijado el objetivo de atravesársele al gobierno cual mula muerta.

Aquella realidad, obliga a que se le dé un manejo distinto a las relaciones del Ejecutivo con los sectores políticos con los que sí es posible lograr un entendimiento y para ello hay qwue aprovechar la coyuntura que se presenta con la vacante que deja Eastman en la secretaría general de la presidencia, para hacer una reingeniería al interior de la Casa de Nariño. 

Desde que estructuró su campaña presidencial, Iván Duque ha tenido a su lado a la abogada y politóloga María Paula Correa, una mujer que se forjó políticamente en el uribismo. Conoce como pocos la doctrina del expresidente Uribe, con quien empezó a colaborar en su campaña presidencial de 2002, primero como voluntaria en la recolección de firmas y, luego, como asistente del director de juventudes de la candidatura uribista. 

En el gobierno de la Seguridad Democrática, fue asesora de la secretaría privada, en cabeza de la hoy ministra de Trabajo Alicia Arango, una urbista y duquista de primera línea. 

Luego de su paso por “Concordia”, la prestigiosa organización encargada de promover alianzas publicoprivadas, aceptó regresar al país para ayudar en la campaña que a la postre ganó las elecciones del año pasado. 

En estos pocos meses de gobierno, Correa se ha ganado el afecto de los ministros, de los congresistas afectos al gobierno, de la base militante del uribismo y de buena parte de los medios de comunicación. 

Más que un secretario general y un secretario privado, el presidente Duque necesita en estos momentos un jefe de gabinete como existe en casi todos los gobiernos. Quienes conocen el ADN del gobierno de Duque coinciden en aseverar que la persona indicada para esa misión es María Paula Correa, cuya eficiencia y capacidad ejecutivas están sobradamente probadas.

Buena parte de las dificultades que ha tenido el gobierno en estos primeros meses se debe, en buena medida a la falta de comunicación con sectores clave en la vida política. El presidente Duque acertadamente, ha decidido romper con el esquema transaccional implementado por Santos, pero eso no puede ser asumido como una licencia para que algunos funcionarios del gobierno maltraten a la clase política. La construcción de coaliciones requiere, ante todo, de buenas maneras, generosidad y reconocimiento. Eso, en pocas palabras, se llama “tacto político”, algo que la doctora Corra tiene de sobra. 

Viene entonces un reenfoque en el gobierno nacional. El presidente Duque es un gobernante con sobrado talento que le permite leer las entrelíneas de la política y por ende, entiende cuándo hay que hacer cambios y emprender reformas estructurales, para efectos de facilitar la concreción de su programa de gobierno. 

@IrreverentesCol

Publicado: abril 25 de 2019