¿A cuál Roy Barreras debe creérsele? ¿Al que hoy promueve con fruición la candidatura de Vargas Lleras, o al que hasta no hace mucho tiempo hizo hasta lo imposible para impedir que quien fuera el vicepresidente de Santos sea el próximo presidente de la República?

La pelea entre Barreras y Vargas Lleras se casó en 2009, cuando Roy Leonardo fue expulsado del partido cambio radical por dos razones fundamentales: sus intentos por destruir esa colectividad y por oponerse a la candidatura de Vargas Lleras en las elecciones de 2010.

El comité de ética de cambio radical, en su momento, aseveró que Barreras debía salir por “desleal”.

La deslealtad invocada en ese momento se sustentó en el hecho de que Roy Leonardo estuviera promoviendo la segunda reelección de Álvaro Uribe. En esa época, Barreras era agresiva y radicalmente uribista.

Su uribismo caducó el 7 de agosto de 2010 cuando Juan Manuel Santos asumió la presidencia de la República.

Como senador “estrella” de la unidad nacional, se convirtió en un fustigador de oficio de Uribe –su antiguo ídolo- y de Vargas Lleras.

Durante el proceso con las Farc, Barreras acusó a Vargas Lleras de no apoyar los acuerdos y más recientemente, a finales del año pasado, lo sindicó de ser “el arquitecto” del hundimiento de la reforma política y de las cuestionadas circunscripciones de paz que se materializarían en 16 curules para personas afines a la banda terrorista de las Farc.

Barreras es un camaleón político. Se acomoda pensando en su intereses particulares. Sin inmutarse, se suma a quienes no hace mucho tiempo ha atacado y se separa de aquellos que ha ensalzado, sin siquiera ruborizarse.

La apuesta de Roy era la de convertirse en candidato presidencial. Creyó que el proceso con las Farc sería una plataforma desde la que llegaría sin mayores dificultades a la Casa de Nariño. Él, como Santos y otros, creyó que la sociedad se tragaría gustosamente los sapos que fueron incluidos en el acuerdo con las Farc. Calculó, sin mayor éxito que la devoción del pueblo colombiano por el acuerdo con las Farc se materializaría en su elección como presidente de la República.

La candidatura de Barreras duró pocas horas. El anuncio de que buscaría la primera magistratura causó risa en amplios sectores de la opinión pública.

La razón es evidente: un individuo como Barreras, despreciado y despreciable, jamás podrá conquistar el corazón del electorado colombiano.

Se acercan las elecciones sin él en el tarjetón y su naturaleza volvió a aflorar. Han quedado atrás las críticas y cuestionamientos a Vargas Lleras. Según Barreras, aquel al que otrora él calificó como el arquitecto del hundimiento del proceso con las Farc, se convirtió como por arte de birlibirloque en la prenda de garantía para la subsistencia del mismo.

Cada vez que Barreras da una voltereta, no ahorra elogios para su nuevo señor. A Uribe lo calificaba como el segundo libertador de Colombia. A Juan Manuel Santos –a quien le sacó buena parte del erario, sobre todo en el sector salud- lo exaltó como el hombre que había convertido a Colombia en un remanso de paz.

Hoy, Vargas Lleras es para Roy Barreras el presidente que Colombia necesita: “Aquí necesitamos es un jefe de Estado que tenga mano firme para hacer cumplir los acuerdos. Y para defender las instituciones, pero sobre todo para garantizar un gobierno estable. Un triunfo de Petro o de Duque no lo podrá discutir nadie, implica un país dividido, y un país dividido es una mala noticia para Colombia. Un hombre capaz de hacer un gobierno de consenso es Vargas, y tiene la experiencia para conducir a Colombia”, le dijo recientemente a la periodista María Isabel Rueda.

Laureano Gómez se refería a sujetos como Roy Barreras con el calificativo de “politicastros” para explicar la condición rastrera de aquellos. Aquella calificación encaja perfectamente en el antiguo uribista y hoy santista en trance de convertirse en vargasllerista.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 24 de 2018