Hace seis años se suscribió en Colombia el “Acuerdo Democrático Fundamental”, que por iniciativa de la Comunidad Internacional (G-24) fue firmado por representantes de siete partidos: Cambio Radical, la U, Partido Liberal, Compromiso Ciudadano, Partido Conservador, Partido Verde y el Polo Democrático. El 18 de marzo de 2010 fueron convocados por el Embajador Suizo al salón de la Constitución del Capitolio y junto al ministro de Interior, Fabio Valencia Cossio, en compañía de 22 ex constituyentes se firmó el documento que contenía la hoja de ruta trazada y que retomaba la idea promovida en el pasado por Álvaro Gómez Hurtado.

Entre otros propósitos, el acuerdo aspiraba a sostener la prevalencia de la Constitución Política de Colombia, que para la fecha ya tenía 28 enmiendas y a juicio del Embajador, mantener la institucionalidad que se encontraba amenazada, por la cooptación por parte del paramilitarismo de una buena porción del poder legislativo, lo que demandaba el respaldo a la Corte Suprema de Justicia para que aplicara celeridad a los procesos por la parapolítica. El acuerdo aparecía luego de que sottovoce se comentara que a partir de la Alianza Ciudadana por la Democracia –entidad que agrupaba a los 22 ex constituyentes y a varias ONGs- se había logrado el hundimiento del referendo reeleccionista en la Corte Constitucional.

Bajo esos parámetros, sobrevino un proceso de implementación del acuerdo y para ello fue importante el apalancamiento de la ONU a través del PNUD, para desarrollar con esos partidos un proyecto de fortalecimiento democrático, que demandó la suscripción de un convenio en procura de mejorar el desempeño institucional de dichas organizaciones políticas. El presidente Juan Manuel Santos había sido elegido con la anuencia de su antecesor Álvaro Uribe Vélez dentro de uno de los partidos del acuerdo, la U, pero pronto sobrevino la crisis y el posterior rompimiento total entre patrocinado y patrocinador, con el resultado del surgimiento del nuevo partido Centro Democrático, convirtiéndose en el dolor de cabeza de los propósitos unificadores diría yo, del rumbo político nacional. Álvaro Uribe Vélez se convertía en problema y obstáculo para esos intereses y paralelamente mantenía su popularidad.

Buena parte del marco de participación política contenida hoy en los acuerdos de La Habana con las FARC-EP, y parte de los desarrollos legislativos en esa materia, obedecían al cumplimiento de la hoja de ruta trazada que he mencionado. La propuesta del estatuto de oposición es la misma, con la diferencia que el gobierno Santos argumentó, que solamente la discutiría con el partido Polo Democrático, pues este partido era el único declarado en oposición. Sin embargo, con la aparición en escena del Centro Democrático para el segundo mandato y tras la apertura de la Mesa de Conversaciones, el gobierno nacional metió en el congelador el estatuto de oposición, supongo que con el interés de no otorgarle vitrina, por ser el único partido de oposición, tras la entrada del Polo al gobierno.

La polarización crecía y la persistencia del ex presidente Álvaro Uribe, más la negativa del gobierno de Juan Manuel Santos de reconocerle el estatus de fuerza de oposición, dado que en la letra de los acuerdos con las FARC-EP se lee que dicho estatuto se discutiría con esa fuerza insurgente en tránsito a partido, surgió la profundización de la contradicción y polarización tras la convocatoria al plebiscito. El expresidente Uribe se metió de lleno en la campaña por el NO y para sintetizar; el resultado del domingo, terminó variando la hoja de ruta trazada por la comunidad internacional para Colombia desde el marco del “Acuerdo Democrático Fundamental” suscrito hace seis años, por os partidos de la unidad nacional ante el Embajador Suizo.

Hoy hay una realidad política, fruto de un fenómeno político sorprendente que se llama Álvaro Uribe Vélez quien se consolidó como el líder natural, por vía democrática, en las urnas, como el jefe de la oposición legítima y legalmente constituida y será con él y con la bancada de su partido que se discuta el estatuto de oposición. No habrá duda.

Si bien, las recomendaciones y apreciaciones que llegan desde la ONU y el PNUD indican que a Colombia le convendría un cambio de régimen tal como lo propuso Álvaro Gómez Hurtado, hoy hay un nuevo mapa para impulsarlo con más facilidad, porque habría tres fuerzas políticas en los próximos procesos electorales en Colombia. De un lado, la Unidad de partidos de gobierno, que Santos la llama ahora la unidad por la paz; del otro, la fuerza que junto al Centro Democrático y otros matices lidera el expresidente Álvaro Uribe Vélez, y en aspiración de alternancia, la nueva fuerza de los insurgentes que tras la dejación de las armas harán tránsito a partido político, las FARC-EP. Y la paradoja dirían algunos, luego de que ganó el NO, es precisamente el ex presidente Álvaro Uribe Vélez quien de manera sensata, le da el oxígeno al proceso y ayuda a mantener la posibilidad de la paz estable y duradera, con la garantía de la adopción de unos acuerdos que puedan ser revisados a la luz de un gran consenso nacional. Pueda ser que este nuevo mapa nos permita reducir el exceso de presidencialismo que corrompe la política y en consecuencia, abordemos el viaje definitivo hacia un régimen parlamentario. En eso parece que ha radicado la aspiración de lo fundamental.

 

@AlirioMoreno