Los resultados de la última encuesta de Gallup Poll fueron catastróficos para el gobierno del presidente Santos. El 66% de los colombianos desaprueban su gestión, y el 85% de los encuestados aseguran que la lucha contra la pobreza, el desempleo, la economía, la inseguridad, la salud y el costo de vida, están empeorando. Santos, su gobierno y sus políticas públicas, nunca han tenido la aceptación de los ciudadanos: sus dos periodos de gobierno han sido frágiles, improvisados y mediocres. Estos resultados negativos y constantes en sus 6 años de Gobierno, lo obligaron a ceder todo y firmar el acuerdo con las Farc, para tener oxígeno y soportar los debates electorales con la bandera de la paz.

Santos, para distanciarse de quien lo ungió como presidente, terminó aliado y gobernando con quienes lo despreciaban y combatían: el Partido Liberal, la izquierda y las Farc.  Para sellar el unanimismo y la alianza con sus “nuevos mejores amigos”, estructuró la Unidad Nacional, acuerdo de gobernabilidad entre el ejecutivo y el legislativo, para repartirse la burocracia y el presupuesto de la manera más degradante en la historia de la política colombiana.

Santos, su hermano Enrique y el “Santismo” -representantes del poder mezquino y frio del establecimiento bogotano, acostumbrados a manejar el absolutismo en todos los escenarios del Estado-, sabían que tenían que tener agenda oculta para enfrentar el liderazgo y la oposición del expresidente y senador Álvaro Uribe, quien en las encuestas y en las urnas ha demostrado que representa medio país, el país de las regiones, el de la provincia: la Colombia de centroderecha.

El plebiscito innecesario que se realizará el próximo 2 de Octubre hace parte de esa agenda oculta: preparar el terreno electoral para las elecciones presidenciales del 2018. Esos sofismas de paz y  guerra, del futuro y del pasado, y todos esos espejismos y maniqueísmos que saturan desde hace 4 años los medios de comunicación, es la gasolina mediática para polarizar y dividir la sociedad, polarización y división que no merecemos, que de seguir, nos llevará a recorrer caminos superados, innecesarios y peligrosos, pero eso no le importa al “Santismo” y a las Farc. Ellos saben que logrando el aval en las urnas con el “Plebiscito refrendatorio”, queda sellada la parcelación del Estado, del presupuesto, del poder, entre dos elites: la elite oligarca de Bogotá, y la elite criminal de las Farc. También saben a la perfección que el resultado electoral del SÍ, es el capital político para tener candidato presidencial en el 2018, el candidato de la paz, el candidato de Santos y Timochenko, el presidente de ellos.

Para lograr ese propósito todo está acordado. Santos le entregó a las Farc un Tribunal de Justicia Privado, el “Tribunal Especial para la Paz”: encargado de intimidar, amenazar y si les toca, “juzgar” y bajar a las mazmorras a quienes se opongan a la implementación de los acuerdos entre Santos y Timochenko. La otra herramienta perversa será la Reforma Rural Integral: mecanismo para acabar con la propiedad privada y expropiar a medianos y grandes propietarios de tierras rurales, considerados por las Farc, aliados y financiadores del paramilitarismo. De igual forma, Santos le entrego a las Farc, la plataforma política para combatir al uribismo y a todas las fuerzas políticas de centroderecha desde el supuesto escenario democrático: 26 congresistas a dedo (que representan una fuerza parlamentaria superior al Partido Verde, al Polo Democrático, Opción Ciudadana, MIRA o ASI), magistrado en El Consejo Nacional Electoral, el 10% del presupuesto del fondo de financiación de los partidos políticos, 32 emisoras en FM, y hasta un sistema integral de seguridad para el ejercicio de la política, si saber exactamente a cual organismo de seguridad del Estado estará adscrito.

La aparición en escena del presidente Gaviria, ratifica el propósito político y electoral del plebiscito. Su presencia en toda esta puesta en escena, es ejercer como notario y garante de la reunificación liberal tan soñada y aplazada por décadas. Gaviria, lucido y vigoroso, es el puente entre Santos y esos liberales que ven con desconfianza al presidente Santos, es el puente entre el establecimiento bogotano y las maquinarias políticas regionales que soportan su poder electoral y económico con la generosidad presupuestal y burocrática del gobierno central.

La misión de Gaviria es una sola: garantizar la unidad entre el Partido Liberal, el partido de la U y las Farc, para ungir junto a la izquierda burocrática y otros minúsculos partidos políticos, la candidatura liberal de Humberto De La Calle, director, redactor y garante del acuerdo entre las elites, el acuerdo que puede abrir una etapa dramática y tenebrosa para Colombia.

Usted es quien decide en las urnas.

 

@laureanotirado