Leyendo los discursos de Uribe, da la impresión de que era un parlamentario que cumplía, a pesar de no tener apoyo, con sus deberes democráticos…

En el Congreso de 1909, como en el anterior, se hace explicita su consagración al estudio de los problemas nacionales.

Haciendo una síntesis podemos señalar las materias cardinales que examinó: en lo internacional, los tratados con Estados Unidos y Panamá, los que era necesario volver a estudiar, como los del Ecuador y del Perú. En lo nacional, su preocupación por la exaltación de varones nobilísimos de la inteligencia nacional: la rehabilitación de Diego Mendoza Pérez, la erección a Jorge Isaacs de una estatua en homenaje al autor de la María, cuando ha podido invocar otras razones publicas. Le inquietaba su aspecto cultural. Proponía que se repatriaran los restos del expresidente Santiago Pérez y del gobernador y escritor César Conto.

Su tarea parlamentaria, en lo que se refiere a lo económico, abarcaba disimiles, intrincadas y extensas materias. Veamos algunas: colmo debía funcionar el Banco Central en el contrato con el gobierno; la manera de expedirse el presupuesto y su función distribuidora de la vida fiscal. Las tarifas de aduanas, la conversión del papel moneda, la estabilidad del cambio, lo mismo que los precios de la sal y de los telégrafos, las agencias fiscales y de información en el extranjero dentro de una nueva concepción de las funciones internacionales y los resultados de la explotación de las minas de esmeraldas de Muzo, lo conducían a reflexiones, proposiciones y exámenes rigurosos, buscando el bienestar colombiano.

Cuando se detenía en funciones y principios de gobierno, aparecían sus iniciativas creando medios razonables para reformar la Constitución; o para evitar que el presidente fuera elegido por el Congreso, en lugar del pueblo. A este le correspondía escoger su destino, pero, además, contra la opinión de sectores reaccionarios, pensaba que el común gozaba de inteligencia y discernimiento para acertar en sus designios. El tema de la división territorial lo inquietaba, pues un mal manejo de la materia podía conducir a estropear la unidad nacional. Como lo desazonaban las leyes de orden público y de alta policía, que podrían conducir a formas de represión, que él y su partido rechazaban sin ninguna duda. Su capacidad de análisis lo llevaba al examen de los contratos de obras o al examen de la rebaja de penas.

El mundo cultural y su desvelo por la nación le hacían insistir en el rechazo, con frases de claro ademán en la defensa de la libertad, contra cualquier proposición contraria a la prensa. Esta requiere de un ámbito de independencia en el cual no cabe la imposición de cortapisas por los funcionarios. Como defendía la circulación libre de impresos, que demandaba como propósito del Estado para favorecer el conocimiento científico, técnico, intelectual. Y peleó –y ésta fue una guerra intensa y reiterativa– por la autonomía de la universidad, para evitar que su capacidad de irradiación del pensamiento mundial pudiera sufrir mermas o controles.

Propuso que al clausurar el Congreso sus sesiones, se creara una Comisión Legislativa, para preparar proyectos, sugerir reformas a la legislación vigente, prever los cambios que eran necesarios para el Estado. Consideraba que no se podía trabajar más improvisando. La tarea del Parlamento debía obedecer a rigurosos planteamientos de tesis.

Esta es una síntesis de las luchas políticas, ceñidas a un concepto doctrinal, por las cuales se empinó la inteligencia y el liderazgo de Uribe Uribe en las discusiones parlamentarias de 1909. Tenía un concepto muy riguroso de sus deberes.

Esquina de Dios

“Los legisladores necesitan ciertamente una escuela de moral”. Simón Bolívar

@rafuribe

Publicado: enero 10 de 2020