Con ocasión del reciente episodio protagonizado por el alevoso gobernador del Magdalena, Carlos Caicedo, cuando estuvo a punto de agredir físicamente al superintendente de Salud, Fabio Aristizábal, también cuestionado por actos de corrupción, queda confirmado el talante violento de ese exterrorista del ELN. 

Es evidente que la gestión de Aristizábal, que es un negociante de la salud, ha sido accidentada e insuficiente, pero aquello no justifica ni le resta gravedad a la acción del gobernador Caicedo, cuando en gavilla estuvo a punto de linchar al superintendente cuando se disponía a realizar la intervención del hospital departamental, Julio Méndez Barreneche.

Las superintendencias tienen el deber misional de adelantar las intervenciones a que haya lugar. El hospital del Magdalena ha sido una de las entidades más corruptas de ese departamento y es urgente que se haga la intervención para efectos de depurar sus finanzas y llevar a los responsables del desfalco ante la justicia y los organismos de control. 

Las intervenciones no se anuncian. El factor sorpresa es fundamental para evitar manipulación de pruebas. Y así se procedió frente al saqueado hospital del departamento del Magdalena.

Carlos Caicedo, que es un alevoso que desconoce a las autoridades, que se burla de la justicia, que es el único colombiano procesado por homicidio que puede ser gobernador de un departamento, por poco atenta contra la integridad del funcionario encargado de notificar la decisión de intervenir al centro hospitalario. 

El señor Caicedo debe ser sancionado ejemplarmente por la procuraduría. Ese sujeto, que se forjó en las filas de una banda terrorista, que estuvo involucrado en la comisión de delitos de lesa humanidad, que ha sido señalado por haber violado mujeres cuando hizo parte del ELN, tiene el deber de respetar el ordenamiento jurídico gracias al inmerecido indulto con el que fue favorecido durante el narcogobierno de Ernesto Samper Pizano. 

Ahora: el gobernador ha tratado de justificar su ataque el superintendente, alegando que el hospital fue intervenido con el propósito de serle entregado a la clase política tradicional de su departamento. Frente a ese señalamiento, hay que poner toda la atención del caso, pues es verdad que el señor Fabio Aristizábal ha ejercido sin decoro alguno su cargo al frente de la superintendencia nacional de salud, convirtiendo a esa entidad en un fortín de politiquería.

Urge entonces que Caicedo reciba el castigo que le corresponde, pero también el gobierno del presidente Iván Duque debe revisar muy bien la pertinencia de mantener a Aristizábal en esa superintendencia. 

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 14 de 2020