A lo largo de los últimos 35 años, el señor Álvaro González Alzate ha dirigido los destinos del fútbol aficionado colombiano, teniendo en sus manos el control real de las cada vez más débiles ligas departamentales.

Como regla general en casi todos los países del mundo, las federaciones nacionales son las encargadas de manejar a las ligas departamentales, pero en Colombia, de forma insospechada esta labor le fue delegada a Álvaro González, quien maneja a Colfútbol a su antojo, como un verdadero patrón.

A los dirigentes de cualquier organización social debe calificárseles por sus resultados y no por sus vocinglerías. El señor González tiene literalmente postrado al fútbol nacional. Basta con mirar a las ligas departamentales para horrorizarse por cuenta de su estado de miseria y abandono.

Distintas fuentes consultadas por LOS IRREVERENTES le aseguraron a este portal que González estableció un régimen de servidumbre que consiste en administrar con mano de hierro la chequera. Aquellas ligas que “se le indisciplinan, son apretadas, dejan de recibir recursos. Las que le son leales, tienen asegurados sus ingresos”. Utilizando un procedimiento similar, Hugo Chávez consolidó su régimen criminal en Venezuela, con las consecuencias para todos conocidas.

Además de los cuestionamientos que pesan en su contra por la forma como ha manejado a la Colfútbol, hay otros elementos que aumentan las sospechas sobre la solvencia moral de la persona que maneja el fútbol de nuestro país.

No se entiende por qué no ha avanzado la investigación en contra de González, cuyo nombre aparece en la lista de personas que participaron en la red de corrupción de la Conmebol, escándalo que ya tiene tras las rejas a varias personas. La Fifa, por ejemplo, sancionó de por vida al presidente del fútbol brasilero, Marco Polo del Nero, quien junto a Álvaro González se habría favorecido con aquellos sobornos.

Adicionalmente, desde hace más de 2 años la fiscalía general de la nación tiene en su poder las pruebas que demostrarían un posible enriquecimiento ilícito de González, derivado del denominado “Fifagate”. La justicia colombiana cuenta con el testimonio de un testigo que asegura tener las pruebas de movimientos y transacciones que no dejarían bien parado a Álvaro González Alzate.

A mediados del año pasado, el superintendente de Industria y Comercio, el perseguidor Pablo Felipe Robledo, sorprendió al país aseverando que había descubierto la existencia de un cartel de reventa de boletas para los partidos de la eliminatoria del mundial de Rusia.

Sin pruebas ni evidencias y de forma temeraria, Robledo sindicó a los hermanos Daes, empresarios y mayores accionistas de Tecnoglass de hacer parte de dicho cartel. El tiempo se ha encargado de demostrar que dicha sindicación tenía el firme propósito de encubrir al verdadero zar de la reventa de boletas en nuestro país, el señor Álvaro González, en asocio con otro dirigente deportivo, Ramón Jesurum.

¿Por qué el superintendente Pablo Felipe Robledo no le revela al país lo que han confesado los hermanos Carreño, empresarios a los que de forma irregular les fue entregado el contrato de las boletas? ¿A quién quiere encubrir y favorecer el superintendente? ¿Por qué si la superintendencia está investigando el caso de la reventa de boletas, Robledo sostiene relaciones sociales con uno de los involucrados en ese escándalo, Ramón Jesurum?

El superintendente Robledo conversando animadamente con su investigado, Ramón Jesurum

Lo cierto es que el país y las autoridades no pueden observar pasivamente cómo las mafias del fútbol siguen ensuciando un deporte que enorgullece y entretiene al pueblo. Indigna que un sujeto cuestionado como es Álvaro González, en vez de estar respondiendo ante las autoridades, siga dirigiendo los destinos de las ligas departamentales de las que surgen glorias como James Rodríguez.

@IrreverentesCol

Publicado: mayo 18 de 2018