Para nadie es un secreto la simpatía que el presidente Uribe tiene por el exvicepresidente de la República, el exsindicalista de la extrema izquierda, Angelino Garzón.

Difícilmente puede encontrarse a personas con mayores diferencias ideológicas. Uribe, es un liberal clásico, en todo el sentido de la palabra, mientras que Garzón está enmarcado por unas caducas ideas socialistas.

Uribe dio sus primeros pasos en la política como militante del partido liberal; Garzón fue un radical dirigente del partido comunista.

A pesar de las diferencias, ambos han podido construir caminos de cohabitación y de respeto, buscando la identificación de los puntos en los que hay consenso, sin hacerle mayor énfasis a aquellos donde brota el disenso.

Angelino Garzón es un dirigente sin partido. En los años 80 y comienzos de los 90 del siglo pasado fue directivo del partido comunista. Luego, hizo parte del grupo que gestó al polo democrático. En las elecciones de 2003, se presentó como candidato a la gobernación del Valle del Cauca, sacando una votación histórica. En aquellas elecciones, Garzón derrotó a las dos casas políticas más poderosas de su departamento: a Carlos Holmes Trujillo, quien aspiró por el partido liberal y a Carlos José Holguín, quien corrió por el conservatismo.

Hoy por hoy, después de haber sido la fórmula de Juan Manuel Santos en las elecciones de 2010, Garzón está sin partido y buscando pista en las toldas uribistas. Su hija Ángela, es concejal de Bogotá por el Centro Democrático.

El presidente Uribe ha dado sobradas muestras de generosidad con Garzón. Durante la última convención de su partido, abrió el espacio para que él se dirigiera a los asistentes al multitudinario evento político, hecho que produjo malestar en sectores extremistas –y marginales- de la colectividad que ven con profunda desconfianza a quien fuera el vicepresidente de Santos hasta el 7 de agosto de 2014.

En días pasados, a Garzón, que es un hombre conciliador, le fue encomendada la tarea de ayudar a buscar mecanismos para que el Centro Democrático pueda designar a su candidato presidencial.

Antes de emprender la misión asignada, Garzón se equivocó al plantear que el Centro Democrático debe sentarse a dialogar con la banda terrorista de las Farc.

Es insoslayable que Angelino Garzón es una persona que no despierta mucha confianza en algunos militantes uribistas y propuestas como aquella aumentan las suspicacias.

El uribismo no tiene nada que hablar con los delincuentes comandados por alias Timochenko. Aunque Santos pretenda convertir a esa banda criminal y narcotraficante en un grupo político legítimo, el uribismo seguirá insistiendo en la necesidad de que sus cabecillas sean castigados ejemplarmente por la justicia colombiana. Por el respeto que merecen las víctimas de las Farc que han depositado sus esperanzas en el Centro Democrático, proponer un diálogo político con sus victimarios es, ante todo, una afrenta.

El CD es un partido incluyente y no una secta cerrada. Bienvenidos todos aquellos que quieran sumarse a la gesta política que lidera el presidente Uribe. Es evidente que en la colectividad hay distintos matices ideológicos, pero todos ellos tienen unos principios doctrinarios comunes. Angelino Garzón tiene mucho por aportarle a esta corriente política, pero no puede pretender imponer propuestas impolíticas e imprudentes como la de sentar al presidente Uribe con Timochenko.

Bueno sería que Angelino, que es una persona sensata y ponderada, se concentrara en la identificación de una serie de alternativas que conduzcan a la elección del candidato presidencial del CD, pues al fin y al cabo ese es el servicio que le fue requerido.

@IrreverentesCol

Publicado: septiembre 11 de 2017