El partido de la unidad nacional, La U, ya no representa la unidad política que proclamó su creación, sino el epicentro de la polarización y el eje de los odios políticos en que se debate la nación entera por culpa de las decisiones de gobierno que impactan negativamente la economía nacional y por encarnar la era de la corrupción.    

Con una bancada numerosa en el Congreso de la Republica, 20 senadores y 37 representantes, carece de rumbo ideológico y su bandera podría contener íntegramente un frasco de mermelada, pues ninguno de sus miembros se acerca a distinguir nada distinto al poder de la burocracia, la contratación estatal y el presupuesto público. 

El partido de La U, nació de una coyuntura política en la que la mayoría de sus actores, querían acercarse a la derecha dentro de la  geopolítica mundial, luego dio un giro a querer posicionarse en el centro, para terminar representando todo lo que no debe ser, y eso queda demostrado, tras la decisión de la Corte Suprema de Justicia en el caso de su senador insignia Bernardo Miguel Elías Vidal “Noño Elias”, hoy sinónimo de la corrupción de cuello blanco. 

Legalmente, el partido de la U, tendría los presupuestos necesarios para que el Consejo Nacional Electoral CNE tome medidas administrativas y aplique drásticas sanciones a sus directivos, por permitir en vigencia de la ley 1475 de 2011, que ciudadanos en circunstancias de inelegibilidad, hayan sido candidatos, incluidos algunos que resultando ser elegidos, se encuentran en pedido de extradición por parte de algunas cortes federales de los Estados Unidos. Sin embargo el rompimiento de la institucionalidad electoral y la politización del CNE hacen pasar de agache tales condiciones.  

Si se hace un juicio político y ético, la conclusión sería la necesidad de disolver el partido de gobierno y si viviéramos en un régimen de menor y no tan excesivo presidencialismo, posiblemente, no sólo se disolvería el partido de gobierno, sino el órgano legislativo y con él, el gobierno renunciaría y se convocaría a nuevas elecciones.  Pero el régimen que impera en Colombia permite que sucedan las cosas que padecemos y no  exista mecanismo ágil y eficiente que determine la conclusión de unas circunstancias que son reprochadas por la mayoría del pueblo, solo medibles como consuelo por las encuestas de favorabilidad, pero sin ningún efecto legal. 

En un acto de gallardía política, la bancada de congresistas del partido de la U, deberían hacer uso de las herramientas estatutarias y resolver la crisis del país, disolviendo esa organización política, con todos los efectos legales y políticos que esa decisión tendría. Colombia entera lo agradecería.

@AlirioMoreno

Publicado: agosto 15 de 2017