Increíble lo que tuvo que soportar el presidente Rafael Núñez Moledo (1825-1894) para regenerar el país que venían destruyendo consuetudinariamente desde el centralismo bogotano. 

Aunque el régimen imperante era federalista, este no se podía cumplir porque las provincias de los nueve estados que conformaban el territorio nacional seguían incomunicadas por la falta de infraestructura; no había vías, no había tren, no había circulación por el río Magdalena, luego la desunión y sobe todo la anarquía cundía en las provincias aisladas de Bogotá, desde donde se dirigían los asuntos del Estado.

Revisando la historia puedo decir que los graves problemas del país nacen de ese centralismo despiadado y de esa concentración del poder en Bogotá. El país para ellos solo llega hasta Anapoima. Llegaron a ser tan osados que Núñez con su Ministro de Hacienda, el también costeño Felipe Angulo Bustillo (1854-1912) le cerraron las cajas de cambio que fungían como bancos, y eran tan atrevidos que hasta emanaban papel moneda. Pues se las cerro y se creó lo que hoy se llama el Banco de la República. 

Qué no se dijo de Núñez, nunca nadie fue tan vilipendiado e injuriado desde Bogotá, con tal de contener la meteórica carrera política de un hombre de provincia. ¿Qué no dijeron desde el “Olimpo Radical cachaco”?, de todo: ladrón, corrupto, adúltero, traicionero, dictador, hasta maltrataron a su esposa doña Soledad Román Polanco (1834-1924).

Pero contra todos los pronósticos, Núñez se impuso ante ese poder central y estuvo dirigiendo los destinos del país bajo su lema Regeneración o Catástrofe durante 14 años, y la muerte lo cogió cuando iba para un quinto periodo presidencial, que hasta se llegó a sospechar en algún momento que fue asesinado.

Dice el historiador Eduardo Lemaitre Román de él; “fue un hombre, y sí que puede decirse con razón que nada de lo humano le fue extraño. Seria necia la pretensión de hacer de su vida una novela rosa. Lo que sí ha provocado siempre en mi alma un repudio instintivo es esa sevicia con que los enemigos de Núñez lo combatieron en vida y aun después de muerto.”  

Incluso recientemente en 1978, setenta y cuatro años después de muerto, Alberto Lleras Camargo en un discurso abominable en Santander no hizo otra cosa que calumniarlo.

Pareciera, cuando leía ese fabuloso libro de Lemaitre Román; Núñez y su Leyenda Negra, que estuviéramos en 2019 cuando la figura de Álvaro Uribe Vélez sufre los embates, otra vez orquestados por el centralismo bogotano, contra un líder que tiene el aprecio casi total del pueblo colombiano, como se acaba de demostrar en la elección del presidente Iván Duque Márquez. 

Uribe como Núñez ha sido generoso dándole sus votos a sus amigos, haciéndolos presidentes. Aunque uno de ellos, después igual que como sucedió con Núñez se convirtió en venenoso enemigo.

@rodrigueztorice

Publicado: noviembre 28 de 2019