Este martes el país amaneció con la triste noticia de que Colombia bajó ostensiblemente en su nivel educativo con relación a las pruebas Pisa. Según el informe revelado ayer, nuestros estudiantes solo alcanzaron 412 puntos en lectura, 391 en matemáticas y 413 en ciencias, estos tres por debajo de los puntajes promedio del Programa Para la Evaluación Internacional de Alumnos, siendo estos 487, 489 y 489 puntos respectivamente. Adicional a esto, los resultados revelan que poco más del 40% de los estudiantes colombianos, obtuvieron un nivel bajo en las tres materias mencionadas.

Con estos resultados Colombia se ubica por debajo de países latinoamericanos como Chile y México, algo que contrasta con un país como el nuestro, donde los jóvenes tradicionalmente han demostrado un nivel de capacidad intelectual si no elevado, por lo menos a la altura de los estándares internacionales.

Y no es que los docentes no tengan la preparación necesaria para transmitir conocimiento a sus alumnos; por el contrario, en las evaluaciones de competencia está claro que nuestros maestros y profesores tanto de primaria y secundaria, como de enseñanza técnica y profesional han arrojado resultados que los colocan a la par de docentes de países incluso más desarrollados que el nuestro. Pero lamentablemente, esta vez su trabajo no se vio reflejado en el desempeño académico e intelectual de sus alumnos.

Pero, ¿dónde está el punto de quiebre? preguntarán algunos, y la respuesta es muy simple: años de paupérrima enseñanza por parte de algunos educadores que difícilmente cumplen con los horarios y metodologías establecidas, han dado al traste con los procesos educativos que se supone, deberían verse reflejados en el nivel educativo de los estudiantes.

Uno de los grandes responsables de esta debacle, sin lugar a dudas es Fecode, una organización poderosa y politizada, que es demás una de las asociaciones más grandes del país con un índice de sindicalización de casi el 100%.

Tal vez Fecode en sus inicios fue concebida con fines altruistas, y es innegable su papel en la historia reciente de nuestra educación, reivindicando múltiples mejoras salariales para los docentes, con algunos logros como fue la Ley General de Educación en la década de los 90’s.

 Sin embargo, justo a partir de ese proceso comenzó a perder el rumbo, el análisis político se centró en un trabajo demasiado gremial, lo que hoy parece que le impide entender los procesos de globalización y construir un modelo que responda estos tiempos de cambio.

Los continuos paros educativos, salidos todos desde las entrañas de Fecode, han hecho que los estudiantes pierdan días, semanas y hasta meses del calendario lectivo, algo que necesariamente termina frenando procesos vitales de aprendizaje, de donde viene la debacle en la calidad de educación que reciben nuestros jóvenes, toda vez que aunque los jóvenes estudiaran tiempo extra, no recuperarían ni aunque los hiciesen estudiar hasta el 31 de diciembre de cada año.

El otro problema tiene que ver con el modelo de enseñanza de los maestros que están bajo el fuero sindical de Fecode, este se ha centrado en gastar horas y horas adoctrinando antes que educando a los estudiantes, con  la implementación con filosofías pseudo – revolucionarias, en una constante donde al alumno se le está haciendo más énfasis en sus derechos que en sus deberes, y esto ha degenerado en una cultura de anarquía estudiantil, donde el estudiante difícilmente responde a las normas, incapaces de crear por sí solos argumentos coherentes, porque en su gran mayoría solo saben expresar emociones, cuestionar los argumentos de los otros y remedar como loros las consignas de aquellos que agitan a las masas para su propio interés.

Mientras el ‘todo poderoso’ Fecode siga siendo el faro del grueso de la población docente del país, y mientras su tendencia claramente gremial y politizada se mantenga, de poco o nada servirán esfuerzos como los que está haciendo el Gobierno nacional en cabeza del Presidente Iván Duque, quien  se la jugó por la educación con hechos contundentes como la asignación más alta de la historia en materia de recursos para el sector educativo. Cada paro le cuesta al país, le cuesta a las instituciones, pero sobre todo, le cuesta a nuestros estudiantes, que son el futuro de un país que de no superar su nivel educativo, seguirá agrandando las diferencias sociales porque un pueblo sin educación es un pueblo sin futuro.

Uno esperaría que el sector que representa a la educación se acepte la invitación generosa del Gobierno para adelantar con diligencia el gran diálogo nacional. Ojalá reflexionen y entiendan el daño que se está ocasionando a millones de estudiantes que día a día pierden la oportunidad de adquirir conocimiento.

Pero al menos por ahora el panorama es sombrío. El paro continúa, ellos bien saben que los maestros, paren o no, tienen su salario asegurado, aunque el cese de actividades siga dando al traste con los procesos educativos, en tanto que Fecode cada vez se torna más radical y absurdo, y es de esperarse; es claro que nada les es suficiente. Bien dicen por ahí; “Dale un pedazo de queso a un ratón y volverá a pedirte un vaso de leche” Feliz semana.

@JenniferAriasF

Publicado: diciembre 4 de 2019