En agosto del año que corre, un músico franco-canadiense viajó a las montañas del noroeste de Canadá en una cacería distinta a las corrientes.

Armado con un oído afinado y sus equipos de grabación, partió en la tarea de capturar el canto de las aves, las pisadas de los mamíferos, el nadar de los peces, el correr de los ríos y el aullar de los bosques y montañas. Juntos, los sonidos de la naturaleza conformarían la melodía de su próxima composición.

Julien Gauthier navegó por las aguas del río Mackenzie, acompañado de una amiga bióloga, guiado entre pinos y arces por la audición y el instinto del “biólogo musical”. Apenas hace un año lo llevaron al lado opuesto del mundo, donde capturó los sonidos de las vecinas del continente antártico, las islas Kerguelen, y creó con ellos su Sinfonía Inaudita y su Sinfonía Austral, las últimas de sus obras que contribuirían al medioambiente y a la defensa de las especies animales.

La canoa arribó en una de las laderas de aquella tierra intocada. Su mente comenzaba a escribir la partitura.

Bajo sus pies, con el crujir de las hojas del arce canadiense y las semillas del pino, y sobre él, con los movimiento de tímidas criaturas y las ramas que tapaban el Sol. En mitad del boscaje movido por el viento, instaló entre los árboles su campamento.

Pero fue en la noche del 15 de agosto cuando un pesado y fatal sonido se acercó en la oscuridad al lugar donde dormían.

Un oso pardo, también conocido como oso grizzli, descargó sus 450 kilos y desgarradoras manos sobre su carpa mientras dormía y se lo llevó entre sus fauces a la espesura del bosque.

Tras activar su acompañante la baliza de emergencia, un sistema de localización satelital, la Real Policía Montada de Canadá llegó en helicóptero al punto señalado e inició la búsqueda de Julien y su agresor.

Dos osos, uno grizzli y uno negro, murieron como resultado de la investigación, un día después de que los restos de Julien fuesen encontraron. En los últimos 20 años, solo habían ocurrido tres ataques similares en los Territorios del Noroeste canadiense.

Escribo esta nota porque Julien Gauthier fue esposo de mi sobrina Ana Mercedes Jaramillo, a la que con cariño llamo “Yiya”.

Jaime Jaramillo Panesso

Publicado: noviembre 5 de 2019