No hay que equivocarse. El cuestionado arzobispo de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve es un jerarca de la iglesia al servicio de los intereses del terrorismo.

Monsalve, desde siempre, se ha encargado de dejarle en claro al país sus inclinaciones por la extrema izquierda, siempre a favor de los intereses de los victimarios y nunca en defensa de las víctimas de las Farc, grupo criminal que ha visto en ese obispo un aliado de insuperable lealtad. 

La feligresía caleña tiene que soportar con estoicismo cómo su arzobispo dedica más tiempo a asuntos de la política que a las tareas inherentes a las de un pastor religioso. 

Quienes han sufrido y sufren los estragos de la violencia guerrillera, insistentemente han pedido que monseñor Monsalve vele por sus intereses, cosa que no ha sucedido y muy posiblemente nunca sucederá. 

Recientemente, el sacerdote dijo sin rubor ninguno que el gobierno del presidente Duque desató una “venganza genocida” contra el proceso que Santos adelantó con la banda terrorista de las Farc.

No es la primera vez que ese individuo hace un señalamiento temerario, pero al parecer ya se colmó paciencia de la Santa Sede que se vio forzada, a través del Nuncio Apostólico en Bogotá a emitir una dura comunicación en la que se deja en claro el distanciamiento que tiene el Vaticano con Monsalve.

En la comunicación se lee que “con respecto a recientes declaraciones atribuidas al Arzobispo de Cali, Monseñor Darío de Jesús Monsalve, relacionadas con una presunta ‘venganza genocida’ del Gobierno del Presidente Iván Duque contra los procesos de Paz que adelantó el anterior Gobierno, la Nunciatura Apostólica en Colombia se precia de aclarar a la opinión pública colombiana que dicha calificación de la gestión gubernamental no corresponde a la visión que la Santa Sede tiene de la compleja situación en que versan, en este momento, tanto la aplicación integral de los Acuerdos de Paz del 2016, como el estado de los contactos y conversaciones que a diversos niveles se mantienen con el ELN, en el ámbito de la comunidad Internacional. El término ‘genocidio’ tiene en el Derecho Internacional un significado preciso que no permite sea usado a la ligera en los legítimos debates o discusiones públicas sobre las políticas concretas de un determinado Gobierno”. 

Desafortunadamente, abundan los ejemplos de los denominados “curas guerrilleros”. Nuestra historia reciente está plagada de ejemplos. El más “famoso” fue el terrorista Camilo Torres, o el sacerdote español Manuel Pérez, quien durante muchos años comandó a la banda criminal ELN. 

En los años 60 y 70 del siglo pasado, cuando tomó fuerza la nefanda teología de la liberación, pulularon los sacerdotes que se presentaban como “obreros” y que integraron organizaciones de extrema izquierda como la conocida con el nombre de “Golconda”. Muchos de los integrantes de ese grupo terminaron en las filas de la guerrilla terrorista. 

Monseñor Monsalve debería ser honesto con la Iglesia, con sus feligreses y con él mismo. Es evidente que él está en el lugar equivocado. Debería retirarse del sacerdocio, inscribirse en el partido liderado por el genocida Timochenko, saltar a la arena política y enfrentar al gobierno no desde los púlpitos sino desde la plaza pública, porque la evidencia es prístina: él no es un pastor de almas, sino un agresivo promotor de las ideas de la extrema izquierda. 

@IrreverentesCol

Publicado: julio 9 de 2020