Respiramos otro aire después del resultado de las elecciones del domingo pasado. Los colombianos elegimos un puente sólido para congregar a la patria. Hace unos días escribía que las naciones son como el cerebro, necesitan las fibras comisurales que unen los dos hemisferios cerebrales. Así también Colombia requería de un cuerpo calloso con estas particularidades: cimientos jóvenes, incluyente y abierto al dialogo. Columnas muy fuertes: la equidad y la transparencia. Vigas de soporte: el respeto del estado social de derecho. Consecuente en la construcción de acero de sus propuestas. Consistente desde el inicio en el diseño de sus soluciones.

La ilusión y la esperanza están puestas en el nuevo gobierno a quien le espera una tarea nada fácil. Lo primero y en corto plazo darle alma al proyecto colectivo del país anhelado. Una nación incluyente donde la pluralidad sea reflejo de una democracia madura y adherente. Donde podamos aceptar las diferencias y los disensos discutirlos en sana convivencia.

Un territorio con reglas de juego claras, atractivas para las inversiones y estos generadores de progreso y formalidad en el empleo. Una seguridad social sin incertidumbre, con protección desde que se nace hasta el último día de la vida. La cobertura en salud integral y que fluya durante el tratamiento de la enfermedad. Nuestro adulto mayor protegido y su pensión sin el riesgo de extinción cuando no es productivo.

Unos ciudadanos que reconozcan la brecha social que nos separa, esa que incinera los ánimos, tizón que prende la arenga populista. Quiero imaginarme un sistema de salud donde la indígena de la guajira lleva un control prenatal adecuado, su hijo nace en un trabajo de un parto orientado por un médico de familia (tasa de mortalidad materna, indicador de equilibrio social, superior a 100 por 100.000/nacidos vivos en esa área del país). Lleva un desarrollo psicomotor normal y un esquema de vacunación completo. Su cerebro en crecimiento recibe los aportes calóricos que necesita su madurez neuronal (30% de los niños menores de 4 años tienen retraso en talla). Cuando llegue el momento de dejar el seno materno, su mejor nutriente, beberá agua potable. 

Si, agua potable que llega a la vereda. (Hoy 3.1 millones de la Colombia rural no tienen este privilegio). Ira a la escuela cercana y con las letras aprendidas escribirá las primeras palabras y por las noches viendo libre bailar las estrellas creará vallenatos, decálogos de nuestra alma.

Asistirá al centro de capacitación y el instituto técnico vecino. Aprenderá, descubrirá las pericias del conocimiento y sus raíces lo traerán de vuelta (12 de cada 100 personas de nuestra población rural no saben leer). Sera el cartero del agua potable y regara con su trabajo la esperanza para combatir la sequía de la inequidad. Sus hermanas recibirán también orientaciones y sus mantas adornarán su belleza genuina; dejarán de ser cómplices que esconden los cabizbajos embarazos de adolescentes. (23% de los embarazos en la guajira son de este grupo de edad).

Que la corrupción no les robe la plata, y quienes lo hagan reciban su castigo. Que no haya cárcel con privilegio y que la impunidad desaparezca de la faz de Colombia.

Que no les despojen el derecho a soñar con un país blanco como las sales de Manaure, con esperanzas espigadas como las del Pilón de Azúcar. El PIB social y especialmente el 8% que gastamos en salud debe alcanzar para estos sueños.

Este el país que el nuevo aire me permite imaginar, el de la vida digna. Este que entre todos debemos construir.  Con generosidad, hechos y compromiso debemos apagar la antorcha del malestar social 

@Rembertoburgose

Publicado: junio 22 de 2018