Como era natural, la presidencia del Congreso le correspondió al Centro Democrático, partido de gobierno a partir del próximo 7 de agosto.

Para esa dignidad, hubo muchos aspirantes, pero el más fuerte fue, desde siempre, Ernesto Macías. Era evidente que quien acompañó al presidente Iván Duque desde el comienzo de su aspiración presidencial, se sometiera a la puja por la presidencia del legislativo.

Del denominado “grupo semilla” –senadores que respaldaron y promovieron a Duque a la presidencia de la República-, sólo 2 fueron reelegidos: Macías y José Obdulio Gaviria.

Es natural que el nuevo gobierno se sienta cómodo teniendo en la silla de la presidencia del Senado a una persona sintonizada con su discurso, con su agenda legislativa y con su plan de gobierno. Para nadie es un secreto que Ernesto Macías es uno de los dirigentes políticos más cercanos a Iván Duque.

Paola Holguín, senadora de Antioquia del CD, también hizo pública su aspiración a la presidencia de esa corporación. Nadie duda de las credenciales uribistas de Holguín, ni de su compromiso con el Centro Democrático. Hizo una campaña intensa para ser designada como la candidata de su partido a la más alta dignidad en la rama legislativa. Sus simpatizantes expresaron apoyo en las redes sociales, el cual fue amplificado por un programa radial cuyo locutor fue un entusiasta patrocinador de dicha aspiración.

Nadie puede soslayar que Holguín es una mujer que goza de popularidad y un sector importante del Centro Democrático la ve con buenos ojos.

Pero las realidades políticas son ineludibles y los senadores del CD no las desoyeron. Macías era el candidato idóneo para el momento que atraviesa el país gracias a su sintonía plena con el gobierno entrante, además de ser una persona vertical y directa. Con el nuevo presidente del Senado, tanto gobiernistas como independientes y opositores tendrán las mismas garantías y derechos.

El que se ha posesionado el pasado 20 de julio no será un congreso fácil. Su naturaleza democrática se ha empañado con la presencia de los terroristas de las Farc ocupando 10 curules -5 en el senado y 5 en la cámara de Representantes- a las que accedieron sin votos y sin haber pasado previamente por la justicia. Sujetos con las manos manchadas de sangre, como Carlos Antonio Lozada, Marcos Calarcá y Pablo Catatumbo, deshonran al Capitolio Nacional con su presencia.

Los colombianos tendrán que soportar que unos delincuentes de la peor laya participen activamente en las discusiones parlamentarias, convoquen a debates de control político y tengan participación real en la aprobación de las leyes de la República, un hecho inédito y reprochable desde todos los puntos de vista.

Los miembros de la bancada de la banda terrorista Farc deben estar en establecimientos penitenciarios respondiendo por los delitos que cometieron y no ocupando curules en el recinto donde habita la democracia de nuestro país.

Cierto es lo dicho por el senador José Obdulio Gaviria: el próximo será un gobierno de corte liberal en materia económica y al Congreso llegará un importante paquete de proyectos de ley tendientes a reactivar la economía, reduciendo impuestos para los emprendedores, simplificando procesos y facilitando la generación de nuevos puestos de trabajo, medidas que son necesarias y urgentes.

@IrreverentesCol

Publicado: julio 24 de 2018