El Novelón del Narco Congresista

El Novelón del Narco Congresista

Mientras escribo estas líneas observo, con algo de incredulidad, las imágenes de Jesús Santrich saliendo de su sitio de reclusión en la Fiscalía para dirigirse primero a la sede del partido FARC y después al Congreso de la República a posesionarse como Representante a la Cámara por el Departamento del Atlántico. Pensaría que esas imágenes le tienen que causar estupor inclusive a aquellos que inocentemente defendieron con ahínco el proceso y posterior acuerdo suscrito por el gobierno de Juan Manuel Santos y la FARC. Esos que defendieron el acuerdo lo hicieron convencidos de que los reincidentes quedarían por fuera del acuerdo y que sus garantías y prebendas cesarían de manera inmediata en el momento en que se comprobase que volvieron a delinquir. 

Para que Colombia pudiese ser testigo de cómo un mafioso solicitado en extradición llegó al Congreso ha sido una novela que parece escrita por un libretista con exceso de imaginación. En el primer capítulo interviene la Justicia Especial para la Paz, tribunal que tenía a su cargo definir la fecha de la comisión del supuesto ilícito para determinar su competencia. Como ya sabemos, la JEP hizo caso omiso de las pruebas enviadas por el gobierno de los Estados Unidos y a la declaración del mismo Santrich donde admitió haberse reunido – en fecha posterior a la firma del acuerdo –  con los que el pensaba eran narcotraficantes mexicanos, pero que terminaron siendo agentes encubiertos de la DEA. Como la JEP no pudo, quiso, o como lo quieran llamar, determinar la fecha, resolvió darle la garantía a Santrich de la no extradición y  ponerlo en libertad.

En el segundo capítulo, que comienza con la tristeza de los colombianos de bien al observar cómo Santrich es liberado, la historia tomó un giro inesperado. El día de la liberación, la Fiscalía, basándose en nuevas pruebas, tomó la determinación de capturar a Santrich, a la salida de su sitio de reclusión. Santrich, que a mi parecer se equivocó de vocación ya que resultó mejor actor que muchos ganadores de Óscares, pasó, en un santiamén, de levantar su mano en señal de victoria mientras salía de prisión, a convertirse en un demente desahuciado en el momento en que lo volvieron a capturar.

  • ¡Saquen las crispetas! Este cuento se puso bueno, pensamos muchos.

Pero el novelón volvió a tomar un giro inusitado.

El Consejo de Estado y la Corte Suprema de Justicia entraron a protagonizar el tercer capítulo de esta entrega. Los magistrados del Consejo de Estado, en un fallo que parece sacado de un cuento de ficción, determinaron que Santrich es Congresista. Para llegar a esa conclusión, se acogieron a la teoría de que el honorable bandido no se había podido posesionar por fuerza mayor. A saber, la fuerza mayor es un hecho inevitable e impredecible, por ejemplo, un terremoto o un huracán. Pero para el Consejo de Estado, Santrich no podía prever que si delinquía no podía evitar ser capturado. Esa misma teoría no se la aplicaron a Aida Merlano, a la que sí le anularon su elección, a pesar de no haber sido vencida en juicio porque su caso aun está abierto en la Corte Suprema de Justicia. Basándose en ese concepto, la Corte Suprema de Justicia hizo un giro al desconocer su propio fallo, que había establecido que Santrich no era Congresista. Pues bien, la Corte decidió que Santrich era congresista y como todo aforado sería juzgado por ella misma, y de inmediato procedió a ordenarle a la Fiscalía la liberación de Santrich.

Mientras observamos horrizados que un narcotraficante solicitado en extradición sea un aforado congresista, desde los EE.UU. congresistas demócratas basados en un artículo del New York Times – a todas luces cocinado en Colombia – exigen que se cumpla con la ruta de la paz de Santos (el cocinero mayor). En eso va la película, no puedo ni quiero adelantarme al final porque aquí en Colombia cualquier cosa puede pasar.

@ANIABELLO_R

Publicado: mayo 31 de 2019

2 comentarios

Los comentarios están cerrados.