Contra todos los principios del derecho internacional humanitario, Juan Manuel Santos envió a Lorent Saleh, un joven estudiante venezolano que se atrevió a levantar su voz contra el régimen Maduro, de regreso a Venezuela después de haber buscado refugio en Colombia. Santos junto a su canciller Holguín ofrendaron a Lorent como las civilizaciones antiguas entregaban sacrificios humanos a un volcán. Y así como el volcán Maduro ha devuelto a algunos de los presos durante la semana previa a la reunión de la OEA en la cual se discutiría su permanencia en dicho organismo, Saleh sigue pudriéndose en prisión. Su madre Yamile, a través de las redes sociales, ha alertado sobre su precaria condición. Dice que está muy enfermo y famélico. Condición parecida al resto de la población venezolana que sufre el embate del sistema totalitario implantado por Hugo Chávez.

El episodio de Saleh lamentablemente no es el único. Esta semana los colombianos nos enteramos a través de unos testimonios judiciales en Ecuador, que el ex asambleísta Fernando Balda también fue victima del sacrificio humano, esta vez el volcán era Rafael Correa. 

La relación de Balda con Santos se remonta al 2008 cuando Colombia bombardeó el campamento de Raúl Reyes en territorio ecuatoriano. Santos quedó en la mira de Rafael Correa porque era el ministro de defensa y el resultado de ese bombardeo no se limitó a la eliminación del comandante de las Farc, sino que se destapó, por la información encontrada en sus computadores, que Correa había sido apoyado financieramente por las Farc para llegar a la presidencia y que miembros de su gobierno eran asiduos visitantes de ese campamento. La ira de Correa lo llevó a romper relaciones diplomáticas con Colombia y a que un juez ecuatoriano le dictara una orden de captura a Santos y a los generales Freddy Padilla de León y Oscar Naranjo. Fernando Balda, abogado y ex asambleísta, asumió la defensa de Santos y logró que se le revocara la orden de captura y se le archivara el proceso.  Como es lógico, la ira de Correa se encaminó hacia Balda, que se vio obligado a exiliarse en Colombia, donde se imaginó, podría vivir tranquilamente y bajo la protección de Santos que había sido beneficiado por su titánica gestión. Lo que Balda nunca se imaginó fue que iba a ser traicionado por Santos. 

La estadía de Balda en Colombia incomodó a Correa porque se dedicó a denunciar sus abusos especialmente con los medios de comunicación a los que censuró sin clemencia. Correa, que había posado como un gran demócrata, empezó a mostrar sus verdaderos colores después del episodio del bombardeo. Y la voz calificada de Balda, que había sido su copartidario, validaba desde el exterior las múltiples denuncias en su contra. Por esa razón Correa ordenó que Balda fuese devuelto al Ecuador, sin importar la forma como se hiciese. El primer intento fue en julio de 2012 cuando personas disfrazadas de policías se lo llevaron a migración con el objetivo de deportarlo sin éxito. Después en agosto del mismo año varios hombres lo secuestraron. Afortunadamente unos taxistas alertaron a las autoridades y Balda fue abandonado a la salida de Bogotá. La fiscalía colombiana investigó el hecho y determinó que la camioneta que utilizaron para llevárselo había sido alquilada por Luis Chicaza, un oficial de la inteligencia ecuatoriana.  Como las vías de hecho no prosperaron, en octubre de 2012 Santos ordenó la deportación de Balda con el argumento de que el ex asambleísta tenía una condena por injuria por haber denunciado por corrupción a un funcionario de Correa. 

Recientemente nos enteramos que Rommy Vallejo, un ex funcionario de Correa, confesó haber viajado a Colombia bajo sus órdenes expresas para reunirse con el General Jorge Luis Vargas y el Mayor Martinez de la DIPOL (policía de inteligencia colombiana). Para que les colaboraran en la ubicación de Balda y así poder secuestrarlo para enviarlo de regreso al Ecuador. Vallejo certificó haber recibido viáticos del gobierno ecuatoriano para adelantar esa gestión. Todos esos documentos reposan en la Fiscalía Ecuatoriana.

Estos dos gravísimos episodios de entrega de perseguidos políticos por parte del presidente y Nobel de Paz Juan Manuel Santos lo ponen en la mira de la comunidad internacional por violar el sagrado derecho del refugiado. 

@ANIABELLO_R

Publicado: junio 8 de 2018