El 28 de agosto de 2015, el periódico El Espectador fue favorecido con un generoso contrato de $450 millones de pesos entregado por la Superintendencia de Industria y Comercio, que en ese momento estaba en manos del cuestionado Pablo Felipe Robledo.

A pesar de la cuantía, el contrato fue otorgado a dedo y sin que mediara licitación ni concurso alguno. La Superintendencia, al parecer estaba interesada en desembolsarle ese dinero a El Espectador al costo que fuera y para ello, se valió de una serie de valoraciones subjetivas y carentes de sustento. 

El objeto de contrato consistía en “desarrollar una campaña de educación y sensibilización social empresarial de cubrimiento nacional que permita fortalecer el liderazgo y emprendimiento del país denominada ‘Profesión Líder’”.

La vigencia fue de 3 meses y medio, lo que significa que con dinero público, El Espectador recibió la no despreciable suma de $128 millones de pesos mensuales. 

En el contrato se hallan elementos que llaman la atención y que merecerían ser investigados por los organismos de control

Una de las razones por las que la Superintendencia de Industria y Comercio escogió a aquel periódico para la celebración de ese negociado, fue el hecho de que “…El Espectador a diferencia de otros periódicos en nuestro país tales como El Tiempo, La República, ADN, y Publimetro entre otros cuenta con varios factores diferenciadores, como por ejemplo la cobertura de audiencias específicas relacionadas líderes y emprendedores de diferentes partes del país (sic)…”.

No se sabe cuáles fueron los elementos que llevaron a que la Superintendencia de Robledo concluyera que la cobertura del periódico de la familia Santodomingo es superior a la de El Tiempo, que de lejos es el diario de mayor circulación e impacto de Colombia. 

Otro aspecto que impulsó a la SIC resulta estrambótico y claramente alejado de la realidad. Para la Superintendencia era importante que El Espectador hiciera parte de un conglomerado de medios de comunicación, “…el cual incluye TV, Prensa, Revistas, Cine y Radio…”. Específicamente, sobre la emisora de propiedad de la familia Santodomingo, en la clausula 15 del contrato se lee que “…Blu Radio presenta crecimiento acelerado y hoy en día es la 3era emisora de radio hablada más escuchada en Colombia y 2da en Cali y Barranquilla, tiene cerca de 13 mil millones de usuarios”.

La población mundial es de 7800 millones de personas y, en consecuencia, si la aseveración contenida en el polémico contrato fuera cierta, aquello significaría que a Blu Radio la oye 1.65 veces la humanidad entera (¡!).

El contrato se cumplió sin mayores dificultades. El Espectador publicó los días martes y jueves los fascículos contratados -ni siquiera se contempló hacerlo los domingos que que es cuando hay mayor circulación- y al final el periódico dirigido por don Fidel Cano hizo la entrega de 100 ejemplares de la obra intitulada Profesión Líder, eso sí “debidamente empastadas”, tal y como exigió la Superindustria.  

Y como amor con amor se paga, curiosamente El Espectador decidió incluir a Pablo Felipe Robledo en su plantilla de columnistas desde noviembre de 2018, semanas después de que aquel saliera de la Superintendencia que en su momento le otorgó el potecito de mermelada de $450 millones de pesos como epílogo de una historia que podría resumirse de la siguiente manera: yo te doy un contrato y tu me abres un espacio en tu página editorial.  

@IrreverentesCol

Publicado: julio 29 de 2020