A raíz de las publicaciones hechas por este portal sobre el poderoso presidente de Promigas, el dirigente empresarial barranquillero Antonio Celia, en la redacción se recibió una denuncia que da cuenta de una práctica financiera poco ortodoxa puesta en marcha por el doctor Celia.

(Lo invitamos a leer “¿Corrupción en Promigas?” y “Los códigos de Celia”)

En apariencia, se trata de una iniciativa que para muchos merecería la calificación de obra con fines sociales. Se trata de un programa creado hace una década, cuyo objetivo es el de hacer créditos no bancarios a personas de estratos 1, 2 y 3.

El negocio es redondo

El beneficiario del crédito debe tener servicio de gas con una de las operadoras de Promigas –Gases del Caribe, Gases de La Guajira, Efigas, Gases de Occidente, entre otros-. Tramita el préstamo y mensualmente le cobran la cuota del mismo en la factura del gas.

Si la persona no tiene para pagar la cuota, pues tendrá que ver cómo se le suspende el servicio público domiciliario, lo cual es abierta y flagrantemente ilegal e inconstitucional.

Aquello es como si una persona que pasa por una situación económica apretada y no tiene dinero para cancelar la cuota de su tarjeta de crédito y como consecuencia le cortan el servicio de luz, independientemente de haberlo pagado.

El negocio, bautizado pomposamente con el nombre de Brilla y al que cerca de 2 millones de personas han acudido para tramitar créditos, tiene muchos aspectos que generan dudas. Lo primero, la tasa de interés que cobran es del 2.4% mensual.

El presidente de Promigas, Antonio Celia es un entusiasta defensor del programa Brilla, y tiene muchos motivos para hacerlo. En palabras de una exempleada de Promigas  que habló con LOS IRREVERENTES y que participó en la creación de aquel proyecto, “Celia ve en Brilla un mecanismo de consolidación social. No en vano, a él lo llaman “el virrey”, por su excesiva vanidad y sed de figuración. Quienes creamos Brilla, lo hicimos pensando en un proyecto verdaderamente social y no en un negocio estupendo que se ha convertido en una importante fuente de ingresos para la empresa”. Al preguntarle a la exempleada si Brilla es vigilado por la superintendencia financiera, pues al fin y al cabo se trata de una iniciativa que ha movido $1.9 billones de pesos en sus diez años de existencia, la respuesta genera preocupación: “ni la superfinanciera ni la superintendencia de industria y comercio ejercen vigilancia sobre Brilla. Celia se precia de que ninguna entidad de control tocara su programa bandera porque los directivos de las mismas son amigos personales suyos”.

¿Un servicio social?

Este portal tuvo acceso a unas facturas que ponen en evidencia una irregularidad aún más preocupante. De acuerdo con las reglas que impone el programa Brilla, los beneficiarios de los créditos que apliquen, por ejemplo para la compra de materiales para construcción, sólo pueden comprar en lugares previamente establecidos por Promigas.

Una de las ferreterías que están autorizadas para la venta de materiales para el programa Brilla se llama “Samir” y está ubicada en la ciudad de Barranquilla.

Hace un par de semanas, dos personas diferentes fueron a dicha ferretería con el fin de cotizar un bulto de 50 kilos de cemento gris Argos, que la ferretería “Samir” tiene referenciaoa con el código 5630.

A la persona que pagó de contado el bulto de cemento, la ferretería le cobró $14588 pesos.

Horas más tarde, un beneficiario de Brilla hizo la misma operación. Se dirigió a la ferretería “Samir” y preguntó por el precio de un bulto de cemento gris, marca Argos, código 5630, pero advirtió que no lo pagaría en efectivo, sino con el crédito previamente asignado por Brilla.

En ese caso, la ferretería “Samir” cotizó el bulto de cemento en $16411 pesos, lo que significa un sobreprecio del 12.7%. De todo ello, este portal tiene en su poder las facturas originales.

Sumando el 12.7% de sobrecosto al interés del 28.8%, se pasa sobradamente del límite de la usura, lo cual pondría esta situación en el plano de lo penal. No está de más que la unidad correspondiente de la fiscalía general de la nación indague sobre el particular.

Así las cosas, quienes acceden a los créditos Brilla, además de tener que pagar un interés mensual exagerado, también se ven obligados a comprar los materiales de construcción que requiere –y por los que se han endeudado- con sobreprecios de más del 12%.

Y mientras ello sucede, ninguna autoridad interviene. Pareciera que existe un código de silencio. No se cuestionan los escándalos de corrupción en el seno de Promigas , empresa que sube sin control alguno el precio del transporte del gas, amparada en que el presidente de la compañía, Antonio Celia es amigo personal de Santos. Pero tampoco se ha querido investigar realmente cuánto dinero se movió a través de las empresas clandestinas que la esposa y los cuñados de Celia crearon y que fueron descubiertas a raíz del escándalo de los Panama Papaers.

Lo incontrovertible, por ahora, es que además de las muchas irregularidades que se han descubierto recientemente en Promigas, esa compañía, volando por debajo del radar de las entidades de control, ha hecho, a través del programa Brilla, un negocio fabuloso cobrándoles a las personas de menos recursos intereses elevadísimos y vendiéndoles materiales de obra con sobreprecios de cerca del 13%.

@IrreverentesCol

Publicado: abril 24 de 2017