Por su indiscutible condición de víctimas de la violencia, los hermanos Galán creen equivocadamente que el Estado debe complacer todas sus demandas sin que nadie pueda alzar la voz en contra de sus pretensiones. Los exsenadores Juan Manuel y Carlos Fernando Galán –y también su hermano, el burócrata Claudio- se han convertido en una suerte de seres blindados a la crítica y los cuestionamientos.

Hay personas cuya máxima aspiración es la de vivir del Estado. En el caso de los Galán, se ha configurado un hecho sin precedentes: tres de los tres hermanos han gozado durante toda su vida laboral de la nómina oficial. Ya sea ocupando posiciones de elección popular, cargos de libre nombramiento y remoción, o celebrando multimillonarios contratos, como el que en su momento le regaló el gobierno de Juan Manuel Santos a la denominada “escuela de gobierno, Luis Carlos Galán”, por más de $100 mil millones de pesos, los Galán no conocen lo que significa trabajar en el sector privado.

Durante el cuatrienio pasado, los hermanos no podían quejarse: Juan Manuel y Carlos Fernando eran senadores, mientras que Claudio se desempeñaba como cónsul general de Colombia en París.

Carlos Fernando, Juan Manuel y Claudio Galán Pachón

La ambición de esos ambiciosos señores parece ilimitada. Juan Manuel intentó apoderarse del partido liberal, sin tener éxito. Carlos Fernando, que estaba en el partido de Germán Vargas Lleras, renunció pocos días antes de que se cumpliera su periodo como senador. Uno y otro, en el asfalto, empezaron a proyectar una jugada que de resultarles exitosa, los convertirá en unos poderosos caciques políticos: la recuperación de la personería jurídica del denominado Nuevo Liberalismo, solicitud que les fue negada en el consejo electoral, pero que aspiran a coronar en el consejo de Estado.

En el año de 1979, el entonces disidente Luis Carlos Galán, fundó su propio partido, al que bautizó con el nombre de Nuevo Liberalismo. Bajo esa colectividad tramitó todas sus aspiraciones electorales: candidato presidencial en 1982, precandidato en 1986 y senador durante todos esos años.

Galán, desde siempre, mantuvo una puerta abierta para el diálogo con el oficialismo liberal. Su demanda –sensata por demás- era que el candidato del partido liberal fuera elegido en una consulta popular y no en una convención cerrada y amañada. Con el concurso del expresidente Julio Cesar Turbay Ayala, Galán retornó a su partido y se comprometió a presentar su nombre en la consulta popular que tendría lugar para elegir al candidato presidencial en 1990.

Sus rivales eran Hernando Durán Duzan, Ernesto Samper, Alberto Santofimio, William Jaramillo y Jaime Castro.

Folleto del Nuevo Liberalismo

La pelea real estaba entre Durán Duzan y Galán, pero todo indicaba que el segundo se impondría en la contienda, con lo que quedaría en primera fila para las presidenciales que se celebrarían el 27 de mayo de 1990. Las balas de Pablo Escobar truncaron aquella aspiración.

Antes de su regreso al partido liberal, Galán liquidó al Nuevo Liberalismo, pues no tenía sentido mantener vigente a una colectividad disidente cuyo fundador y líder había regresado al oficialismo.

Han pasado cerca de 30 años desde la disolución del Nuevo Liberalismo y los herederos de Luis Carlos Galán, Juan Manuel y Carlos Fernando, con ánimo politiquero, están demandando ante el consejo nacional electoral la “resurrección” del Nuevo Liberalismo, alegando que ese partido dejó de existir por cuenta de la violencia terrorista. Lo cierto e indiscutible es que aquella colectividad perdió su personería jurídica desde el mismo momento en que Luis Carlos Galán protocolizó su retorno al partido liberal colombiano.

El interés de los Galán es el de contar con una estructura partidista que les permitirá negociar y otorgar avales en las elecciones de este año y, sobre todo, gozar de beneficios como los multimillonarios anticipos económicos que el Estado le tiene que girar a las colectividades.

Quienes se oponen a que el Nuevo Liberalismo recupere su personería jurídica, han sido señalados por los hermanos Galán quienes se valen de su condición de víctimas para abusar del Estado, ese mismo del que han vivido durante toda su existencia y al que ahora quieren sacarle una jugosa suma de dinero en caso de que el consejo de Estado les conceda la personería jurídica de un partido que no dejó de existir por cuenta de la violencia, sino como consecuencia de una decisión política personal, adoptada por su padre, el inmolado Luis Carlos Galán Sarmiento.

@IrreverentesCol

Publicado: enero 23 de 2019